EL PRIMERO

EPÍSTOLA DE ST. PABLO, EL APÓSTOL,

A TIMOTEO.

INTRODUCCIÓN.

San Pablo, pasando por Licaonia, hacia el año 51, algunos de los hermanos de Derbe o Listra le recomendaron un discípulo, de nombre Timoteo, que desde su infancia había estudiado las Sagradas Escrituras. San Pablo lo tomó, haciéndolo compañero y colaborador en el evangelio; y para no ofender a los judíos, que no podían ignorar que el padre de Timoteo era gentil, hizo que se circuncidara. Posteriormente lo ordenó obispo de Éfeso.

(Witham) --- San Pablo escribe esta epístola a su amado Timoteo, para instruirlo en los deberes de un obispo, tanto con respecto a sí mismo como a su cargo; y que debería estar bien informado de las buenas costumbres de aquellos a quienes iba a imponer las manos: No impongas las manos a la ligera a nadie. También le dice cómo debe comportarse con su clero. Esta epístola fue escrita aproximadamente treinta y tres años después de la ascensión de nuestro Señor; pero dónde fue escrito es incierto: la opinión más general es que fue en Macedonia.

(Challoner) --- Después de sus epístolas a las Iglesias, sigan ahora aquellas a personas particulares; a Timoteo y Tito, que eran obispos, ya Filemón. Timoteo fue el discípulo amado de San Pablo, a quien frecuentemente llama su hijo; pero no es seguro que estuvieran relacionados en absoluto. Después de haber acompañado al apóstol en muchos de sus viajes, éste finalmente lo ordenó obispo y lo fijó definitivamente en Éfeso.

Poco tiempo después le escribió esta epístola, para instruirle en los deberes episcopales, ya que era muy joven para esas grandes funciones. Entonces podría tener unos treinta y cinco años. Asimismo, menciona brevemente las principales herejías que entonces estaban causando daño en Éfeso, y da reglamentos e instrucciones para diferentes estados de personas en la Iglesia. San Timoteo, que había sido durante tanto tiempo discípulo de S.

Pablo, y que nunca lo abandonó excepto cuando se lo ordenó su maestro, no podía ignorar sus deberes, pero estaba destinado al uso de obispos de todas las épocas. Por eso San Agustín dice que los que están destinados a servir a la Iglesia, deben tener continuamente ante sus ojos las dos epístolas a Timoteo y la de Tito.

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