Levántate, Balac, y oye, etc.— Las repeticiones son de la clase más noble y sublime; y esta introducción a su discurso, llena de fuego y grandeza, fue verdaderamente digna de un profeta encargado de pronunciar los oráculos de un Dios, en cuya presencia los reyes y las naciones mismos no son nada. Balaam no podía exigirle a Balac una atención llena de respeto por los oráculos de Dios con más dignidad.

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