Monte de Efraín desde el que se proclamaron las maldiciones que caerían sobre Israel si desobedecía al Señor.

En este monte se levantaron grandes piedras encaladas, sobre las que se había escrito la ley. Así, la ley y la maldición quedaron unidas en la misma montaña (Dt. 11:29; 27:4, 13); pero junto con estas piedras, Josué también erigió un altar a Jehová Dios de Israel, antes de que se proclamaran las bendiciones desde el monte Gerizim y las maldiciones desde el monte Ebal. Ambos montes están separados por un valle muy estrecho, y se puede oír con mucha claridad de un monte al otro.

El monte Ebal tiene una altura de 930 metros sobre el nivel del mar, y su situación es 32° 14' N, 35° 16' E.


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