En nuestras Biblias castellanas, Ezequiel figura entre el libro de Lamentaciones y el de Daniel. En el canon hebreo, estos dos libros se hallaban entre los Hagiógrafos, hallándose Ezequiel justo a continuación de Jeremías. Casi todas las profecías se hallan en orden cronológico y fechadas según los años de cautiverio del rey Joaquín.

(a) SECCIONES DEL LIBRO se divide en tres:

(A) Profecías proclamadas antes de la toma de Jerusalén, anunciando su destrucción como consecuencia de sus transgresiones.

En el año 5º, el sacerdote es llamado a ser profeta, para lo que le prepara una visión (Ez. 1:1-3:21). A continuación, Ezequiel recibe la orden de predecir la destrucción de la ciudad y de interpretar unas actuaciones simbólicas (Ez. 3:22-7:27).

En el 6º año denuncia la idolatría de Judá (Ez. 8) y comunica la visión simbólica de la partida de la gloria de Jehová, que abandona el templo profanado (Ez. 9:1-11:13). Ezequiel alienta a los deportados: siguen siendo el pueblo del Señor, que será para ellos un santuario (Ez. 11:16), los devolverá a la tierra de Israel (Ez. 11:17) y les dará un nuevo corazón a los que rectifiquen sus caminos (Ez. 11:18-21). Jehová abandona su ciudad por cuanto ella se ha entregado a la incredulidad y a los falsos profetas (Ez. 12-24). Se abatirán los juicios sobre la ciudad (Ez. 15-17), pero Dios otorgará su gracia a los que se arrepienten (Ez. 18). El capítulo 19 es una lamentación sobre los príncipes de Israel.

En el 7º año del cautiverio de Joaquín, Ezequiel predice el juicio sobre Israel, que ha profanado el nombre de Jehová ante los gentiles. Hay sin embargo promesas para el futuro; Dios volverá a aceptarlos a causa de Su nombre (Ez. 20:1-44). Sin embargo, se acuerda de sus rebeliones, cuyo castigo se avecina (Ez. 20:44-23:49).

En el 9º año representa la parábola de la olla hirviente simbolizando el cerco de Jerusalén (24).

(B) Profecía sobre el juicio de las naciones.

En el 9º año del exilio, se dan profecías contra Amón, Moab, Edom y el país de los filisteos (Ez. 25);

el año 11º, contra Tiro y Sidón (Ez. 26-28);

los años 10º, 27º. 11º y 12º, profecías contra Egipto (Ez. 29-32).

(C) Profecías acerca de la restauración de Israel y de su glorioso futuro. Son proclamadas después de la toma de Jerusalén y de su destrucción por Nabucodonosor.

El año 12º del cautiverio de Joaquín, la tarde antes de que llegaran las nuevas de la caída de Jerusalén a Ezequiel, recibió un segundo llamamiento de parte de Dios. La mano del Señor vino sobre él; el momento en que supo la caída de la ciudad coincidió con el inicio de una nueva etapa de su misión (Ez. 33:1-22). Se le revela que los israelitas reconocerían, después del juicio, que Jehová es Dios, y que un verdadero profeta había estado en medio de ellos (Ez. 33:23-33). Jehová les dará un buen pastor, prefigurado por David (Ez. 34); sus enemigos serán castigados (Ez. 35); el pueblo será santificado y será restaurado a su tierra (Ez. 36). Será como una resurrección; las doce tribus serán reunificadas (Ez. 37), y sus adversarios serán destruidos (Ez. 38-39).

En el año 25º de la cautividad de Joaquín, Ezequiel tiene una visión de la restauración del pueblo de Dios: el templo será reconstruido, más grande y totalmente santo. El pueblo, purificado, es aceptado por Jehová (Ez. 40-43). El culto será renovado (Ez. 44-46), saliendo el río de la vida del mismo templo, dando feracidad a los lugares desiertos (Ez. 47); finalmente, habrá el reparto del país entre las tribus y la ciudad santa, que recibe el nombre de Jehová-Sama (Jehová está allí). Se establecerá la Teocracia, en la que la realidad se ajustará al ideal divino.

(b) AUTENTICIDAD.

Autenticidad y contribución particular de Ezequiel. Los críticos de la Escuela de Wehausen consideran a este profeta como el padre del judaísmo postexílico. Pretenden ellos que la descripción de la nueva Jerusalén (Ez. 40-48) contiene todo un programa que suscita las prescripciones sacerdotales características de Levítico y de Números. Pero los teólogos que siguen el punto de vista bíblico repudian tal especulación. Bien al contrario, constatan que la legislación levítica es bien anterior a la época de Ezequiel, y que Israel conoció los sacrificios, el culto del santuario, con el ministerio de los sacerdotes y de los levitas, desde la época de Moisés. El punto de vista que hace del Pentateuco una creación postexílica se encuentra con tremendas dificultades, como lo es la existencia del pentateuco samaritano (véase PENTATEUCO). Además, Ezequiel, en su visión profética de los caps. 40 - 48, no tenía ni la intención ni la necesidad de crear un origen falso. La crítica más reciente no se contenta con atribuir estas intenciones al autor. La novedad de su enfoque consiste en poner en duda la autenticidad del libro mismo. Así, para G. Hoelscher solamente 1/10 del libro habría estado escrito por el mismo Ezequiel. W. A. Irwin dejaba totalmente a un lado los capítulos 40-48, y del resto solamente conservaba 250 vers.. C.C. Torrey rechazó el libro como un todo, considerándolo un pseudoepigráfico palestino de alrededor del año 230 a.C. Esta lista, que podría alargarse, es suficiente para mostrar la total incertidumbre sobre la que opera la crítica negativa, basada exclusivamente en la incredulidad en el mundo de lo sobrenatural. No es de sorprender que este ataque lo tenga que sufrir una obra que contiene, lo mismo que Daniel, tantas visiones e imágenes retomadas después por el Apocalipsis. El estudioso de Ezequiel que lo examine a conciencia y con respeto, se ve, al contrario, sorprendido por sus numerosas pruebas de autenticidad, que los mismos críticos primeros admitían (p. ej., Cornill, «Einleitung», p. 76). La disposición y el plan del libro, la cronología precisa, el uso de la primera persona, y el claro mensaje profético, todo ello confirma que Ezequiel es verdaderamente el autor.

(c) APORTE DE EZEQUIEL.

El rico aporte de Ezequiel al pensamiento israelita y bíblico reside en su enseñanza espiritual. Se pueden destacar, entre otros puntos:

(A) Su concepción acerca de Dios, sumamente alejada del antropomorfismo (cp. «la imagen de la gloria de Jehová», Ez. 1:28). En tanto que otros escritores sagrados representan a Jehová como el pastor del pueblo (Gn. 48:15; Sal. 23; 28:9), reuniendo al rebaño disperso de Israel (Jer. 23:3; 31:10), pastoreándolo con ternura (Is. 40:11), Ezequiel muestra, de manera particular, a Dios buscando a sus ovejas extraviadas, librándolas de sus enemigos, restableciéndolas en su país (Ez. 34:11-31; cp. Mt. 18:12-14; Lc. 19:10).

(B) Su visión de la nueva Jerusalén:

el alto monte (Ez. 40:2; Ap. 2:10),

la ciudad santa, tabernáculo de Dios en medio de los hombres (Ez. 37:27; Ap. 21:3),

la gloria de Dios que reside en ella (Ez. 43:2-5; Ap. 21:11);

la ciudad cuadrada (Ez. 48:16, 30; Ap. 21:16),

que tiene doce puertas (Ez. 48:30-34; Ap. 21:12, 13),

el río de la vida (Ez. 47:1; Ap. 22:1),

orillado por árboles cuyas hojas dan sanidad (Ez. 47:7, 12; Ap. 22:2).

(C) Ezequiel contribuye sobre todo a dar una idea de la teocracia que ha de ser establecida en el futuro. Retomando un pensamiento que Jeremías había ya presentado en su enseñanza, Ezequiel insiste en la responsabilidad individual (Ez. 18; 33:1-20), en la regeneración del pueblo y en la santidad del reino, que tendrá su glorioso cumplimiento en tiempos futuros (Ez. 11:19, 20; 36:24-29). La visión de Sión, restablecida y espiritualmente regenerada, queda en adelante de manera perpetua delante de la mirada del pueblo de Dios, como inspiración y poderosa esperanza.

Bibliografía:

R. Alexander: «Ezequiel» (Publicaciones Portavoz Evangélico, Barcelona, 1979);

G. R. Beasley-Murray: «Ezequiel», en Nuevo Comentario Bíblico (Ed. D. Guthrie, Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, 1977);

A. T. Pearson: «Ezequiel», en Wycliffe Bible Commentary (Moody Press, Chicago, 1963).


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