Complejo movimiento religioso-filosófico que se manifestó con especial fuerza a mediados del siglo II de nuestra era.

Mezcla de conceptos zoroastras, platónicos y judeo-cristianos, constituyó una fuerte amenaza para el cristianismo.

Sus primeras manifestaciones fueron ya tratadas y combatidas por los apóstoles Pablo y Juan en varias de sus epístolas y en el Evangelio de Juan.

A pesar de la inmensa variedad de sectas y movimientos gnósticos contrapuestos, con una gran diversidad de doctrinas y enseñanzas, que imposibilitan en un corto artículo un examen particularizado, se pueden exponer los siguientes puntos que sostenía el gnosticismo con una cierta uniformidad:

(a) Pretendían la posesión de un conocimiento especial de la verdad, superior a la fe, reservado a los iniciados.

(b) Una combinación de dualismo persa con platonismo se manifestaba en la doctrina de una esfera espiritual pura y perfecta y de un universo material esencialmente malo y de donde todo lo malo ha surgido. Tanto Dios como el universo material son, en base a este sistema, eternos.

(c) La concepción de que Dios no puede actuar directamente sobre el mundo de la materia, sino que tiene que ser por medio de un «demiurgo», o Creador o Artífice subordinado de rango inferior, distinto de la Deidad suprema, y también por medio de emanaciones o eones mediadores extendiéndose de manera gradual entre Dios y el universo material. Estas emanaciones o eones serían innumerables, pasando desde una naturaleza espiritual los más cercanos a Dios a una naturaleza más y más mezclada y material conforme se fueran hallando en esferas más y más cercanas al mundo material.

(d) La negación de la verdadera humanidad de Cristo, una cristología docetista, que consideraba irreal la vida terrena de Cristo, especialmente sus sufrimientos en la cruz.

(e) Negación de la personalidad del Dios supremo, y negación también de la responsabilidad en el hombre.

(f) La enseñanza, por parte de unas sectas gnósticas, de un riguroso ascetismo, prohibiendo el matrimonio y el uso de este mundo material, con el fin de llegar a la comunión con Dios, mientras que otras sectas enseñaban la no influencia mutua entre cuerpo y alma, con lo que el alma podía dedicarse a la contemplación de los más altos misterios, en tanto que el cuerpo podía dar rienda suelta a todos sus apetitos. La salvación la atribuían a Cristo como «Iluminador», dador de conocimiento mediante el cual el alma recibiría la salvación. Se negaba la doctrina evangélica de la salvación por los sufrimientos vicarios de Cristo.

(g) Una tendencia a la fusión de doctrinas cristianas con elementos filosóficos, místicos y mágicos de oriente.

(h) Las Escrituras del AT eran atribuidas al «demiurgo» o Creador inferior del mundo, que era el Dios de los judíos, pero no el Dios Supremo.

Todas estas tendencias se hallan presentes en la actualidad en diversas corrientes teológicas de signo heterodoxo.

La palabra de Dios ya nos advierte sobre todas estas falsas doctrinas, y las combate. Así, entre otros, se pueden dar los siguientes pasajes contra cada uno de los apartados mencionados:

(a) Col. 2:1-8

(b) Jn. 1:1-3;

(c) Jn. 1:1-3; Col. 2:18; 1 Ti. 1:4;

(d) Jn. 1:14; 4:6; 1 Jn. 1:1-3; 2:22; 4:1-6; 5:1; 5:20;

(e) Jn. 3:16-21; 5:26-27, 30, 36-38; 1 Jn. 3:1; 4:7-10, 14-16;

(f) Col. 1:12-23; 2:20-23; 1 Ti. 4:1-6; 2 Ti. 3:1-7;

(g) Col. 2:8-10, 18-19;

(h) 1 Ti. 3:14-17; 1 P. 10:12; 2 P. 16-21.

Había muchas más características heterodoxas que las mencionadas. Entre las sectas gnósticas había, por ejemplo, la de los ofitas, que adoraban a la serpiente, y que se jactaban de conocer «las profundidades» (cp. Ap. 2:24). Atribuían el origen del mal directamente a Dios. Entre los ofitas había grupos como los cainitas, que invertían todos los valores, y elegían como sus héroes a los personajes malvados de las Escrituras, como Caín, los sodomitas, Coré, etc.

El primer maestro gnóstico cuyo nombre se conoce es Cerinto, adversario del apóstol Juan. De él se dice que enseñaba que el milenio sería una época de sensualidad desenfrenada.

Otras escuelas del gnosticismo fueron posteriormente dirigidas por hombres como Valentino, Basílides, Saturnino, y Marción. Frente a esta agresión, la iglesia reaccionó con una más clara formulación de las vitales doctrinas cristianas sometidas a ataque. Sin embargo, muchas de las corrientes gnósticas patentizaron su influencia en el pensar de muchos sectores de la cristiandad, con movimientos monásticos y manifestaciones de pensamiento maniqueo que siempre han pervivido, y mediante un cúmulo de doctrinas erróneas que han actuado como levadura corruptora del testimonio de la iglesia.

El gnosticismo sigue perviviendo entre nosotros bajo muchas formas y etiquetas, y por ello es menester darnos con ahínco al estudio y asimilación de las Escrituras, para no dejar llevarnos por el error de aquellos que introducen encubiertamente herejías destructoras (cp. 2 P. 2:1), sino que, con el apóstol Juan, podamos tener comunión «con el Padre, y con su Hijo Jesucristo» (1 Jn. 1:3).

Bibliografía:

E. E. Ellis: «Colosenses», Comentario Bíblico Moody (Editorial Moody, Chicago, Illinois 1971).

D. Guthrie: «Colosenses», Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas 1977).

E. F. Harrison: «Colossians» (Moody Press, Chicago, Illinois);

J. R. Stott: «Las cartas de Juan» (Certeza, Buenos Aires, 1974).

M. C. Tenney: «Nuestro Nuevo Testamento» (Editorial Moody Chicago, Illinois 1973).

K. S. Wuest: «In These Last Days, Studies in the Greek Text of II Peter, I, II, III John and Jude for the English Reader» (W. B. Eerdmans, Grand Rapids, Michigan, reimp. 1972).

Véase también:

J. Rutherford: «Gnosticism», International Standard Bible Encyclopaedia (W. B. Eerdmans Pub. Co., Grand Rapids, Michigan, 1946).


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