Ya en tiempos muy antiguos se navegaba por el Nilo y el Éufrates. Había pequeñas barcas de forma circular que iban desde el alto Éufrates a Babilonia (Herodoto 1:194). Las naves fluviales de mayor tamaño podían transportar hasta cinco mil talentos. Para bogar por el Nilo, los egipcios se servían de naves de madera de acacia (Herodoto 2:96).

El AT no menciona las naves del lago de Genesaret que sin duda ya existían. Durante el período romano había numerosas barcas de pesca de poco tamaño que recorrían el lago (Lc. 5:2; Jn. 6:22, 23; Guerras 2:21, 8; 3:10, 9; Vida 33). Se trataba de barcas de remos; algunas de ellas tenían además velas (cfr. Mr. 4:38 y Lc. 8:23. Josefo menciona el ancla y el piloto (Vida 33).

Ya antes del éxodo los egipcios, e indudablemente los fenicios, eran notables en el arte de la construcción de naves. Israel no se interesó en esta actividad, a pesar de la fuerte influencia marítima a su alrededor, durante toda su historia nacional, con las flotas que surcaban el Mediterráneo. Fue Salomón el único que dirigió empresas comerciales marítimas. Josafat trató de imitarle, pero fracasó. Esta actividad marítima dependía sin embargo de la participación de marinos fenicios. Los tirios llevaban la madera de cedro y ciprés para la construcción del templo de Salomón en forma de balsas al puerto de Jope (1 R. 5:9; 2 Cr. 2:16). De la misma manera llegó a Jope la madera para la construcción del segundo templo (Esd. 3:7). La tripulación de la nave en la que se embarcó Jonás estaba formada por personas de diversas nacionalidades (Jon. 1:5). Durante el período de dominación romana había piratas judíos (Ant. 14:3, 2; Guerras 3:9, 2 y 3).

Las naves mercantes y los buques de guerra atravesaban el Mediterráneo (Nm. 24:24; Dn. 11:30; Jon. 1:3; 1 Mac. 11:1). En tiempos de guerra, las naves servían como transportes de tropas (1 Mac. 15:3, 4; 2 Mac. 14:1). Se daban batallas navales (1 Mac. 8:23, 32; Ant. 9:14, 12; cfr. Guerras 3:10, 1). La proa de algunos tipos de nave estaba dotada de un espolón de hierro, destinado a hendir el casco de las naves enemigas. Las naves se propulsaban mediante la vela, a la que en ocasiones se añadían los remos. Las hermosas naves mercantes de Tiro, de maderas calafateadas (Ez. 27:5, 9) tenían mástiles de cedro, velas de lino fino (Ez. 27:7; Is. 33:23), bancos de pino, remos de encina (Ez. 27:6). La nave iba tripulada por remeros y un piloto (Ez. 27:8, 27). Las embarcaciones de lujo tenían velas bordadas y ricos cortinajes (Ez. 27:7). Naves de este tipo iban a Tarsis (Jon. 1:3, 5, 6, 13) y navegaban incluso por el Atlántico, de España a Inglaterra (véase ESTAÑO).

La nave alejandrina que llevó al apóstol Pablo de Mira a Malta llevaba su propia tripulación y 276 pasajeros, aparte de un cargamento de trigo (Hch. 27:37, 38). Josefo sufrió un naufragio en una nave en la que iban 600 personas (Vida 3). Luciano describe una nave alejandrina de dimensiones famosas, lanzada por una tormenta en el puerto de Atenas llevando un cargamento de trigo a bordo. Esta nave medía unos 55 m. de longitud (sin duda se refiere de la extremidad de la proa a la de la popa) y con una anchura de 13 a 14 m. Su capacidad debía ser de 1.000 a 1.100 toneladas de registro bruto. Según Ateneas, la gigantesca galera de Ptolomeo Filopator tenía alrededor de 128 m. de longitud y 17 de anchura. Durante un viaje de Pablo, el comandante de la nave y su armador se encontraron sobre el puente donde se hallaba la tripulación (Hch. 27:11, 30). Esta nave, de madera (Hch. 27:44), poseía una vela de mesana que se podía izar o arriar (Hch. 27:40). Tenía el mástil de mesana y el gran mástil, e indudablemente dos gobernalles (v. 40); tenía cuatro anclas en la popa, y otras en la proa (Hch. 27:29, 30). La nave llevaba una chalupa a remolque, que se podía izar hasta el puente mediante los cordajes (Hch. 27:16, 17, 30, 32). Se llevaban sondas (Hch. 27:28). Por lo general la nave llevaba ojos pintados a cada lado de la proa. La nave de Pablo no pudo resistir los embates del viento, y quedó a la deriva (Hch. 27:15).

Una pintura de Pompeya, que representa una nave de la época de Pablo, muestra el mástil de mesana inclinado como un bauprés para sostener una vela cuadrada. Se señala un gran mástil cuya vela cuadrada está adaptada a una larga verga. La parte central de la verga se apoya contra el mástil. La popa y la proa eran frecuentemente levantadas y retorcidas, terminando en forma de cabeza de ave acuática. La enseña iba pintada o grabada a cada lado de la proa (Hch. 28:11). La embarcación era dirigida mediante dos remos grandes que salían de cada lado de la popa. Las anclas eran análogas a las modernas. Con cables o cadenas, centraban el navío durante las tempestades, previniendo su desencuadernamiento (Hch. 27:17).


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