(a) Así como Dios afirmaba Su propiedad de los primogénitos de hombre y animales, igualmente demandaba los primeros frutos de las labores en el campo (Éx. 23:16, 19), como reconocimiento de Dios como el dador de ellos y en muestra de agradecimiento por Sus dones.

Todos los varones tenían que presentarse tres veces al año ante Dios, y eran en el tiempo:

de la cosecha de la cebada (en la Fiesta de los Panes sin Levadura);

del trigo (en la Fiesta de las Semanas) y 

en la vendimia (la Fiestas de las Cabañas) (Éx. 23:16, 19; 34:22, 26; Dt. 18:4; 26:10; Ez. 58:14).

(b) De los cristianos se afirma que tienen las primicias del Espíritu: tienen la prenda de una bendición futura aún más grande (Ro. 8:23; 2 Co. 5:5; Ef. 1:14).

(c) Los reunidos a Dios en cualquier dispensación reciben el nombre de primicias (Ro. 11:16; 16:5; 1 Co. 16:15; Stg. 1:18; Ap. 14:4).

(d) Cristo, al haber resucitado de entre los muertos, es las primicias de los que durmieron (1 Co. 15:20, 23). «Primicias» implica necesariamente que ha de haber más a su semejanza que sigan después.'


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