Hechos 16:1-40

1 Llegó a Derbe y Listra, y he aquí había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego.

2 Él era de buen testimonio entre los hermanos en Listra y en Iconio.

3 Pablo quiso que este fuera con él, y tomándole lo circuncidó por causa de los judíos que estaban en aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego.

4 Cuando pasaban por las ciudades, les entregaban las decisiones tomadas por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las observaran.

5 Así las iglesias eran fortalecidas en la fe, y su número aumentaba cada día.

6 Atravesaron la región de Frigia y de Galacia, porque les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.

7 Cuando llegaron a la frontera de Misia, procuraban entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.

8 Entonces, después de pasar junto a Misia, descendieron a Troas.

9 Y por la noche se le mostró a Pablo una visión en la que un hombre de Macedonia estaba de pie rogándole y diciendo: “¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!”.

10 En cuanto vio la visión, de inmediato procuramos salir para Macedonia, teniendo por seguro que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio.

11 Zarpamos, pues, de Troas y fuimos con rumbo directo a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis;

12 y de allí a Filipos, que es una ciudad principal de la provincia de Macedonia, y una colonia. Pasamos algunos días en aquella ciudad.

13 Y el día sábado salimos fuera de la puerta de la ciudad, junto al río, donde pensábamos que habría un lugar de oración. Nos sentamos allí y hablábamos a las mujeres que se habían reunido.

14 Entonces escuchaba cierta mujer llamada Lidia, cuyo corazón abrió el Señor para que estuviera atenta a lo que Pablo decía. Era vendedora de púrpura de la ciudad de Tiatira, y temerosa de Dios.

15 Como ella y su familia fueron bautizadas, nos rogó diciendo: “Ya que han juzgado que soy fiel al Señor, entren en mi casa y quédense”. Y nos obligó a hacerlo.

16 Aconteció que, mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una joven esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual producía gran ganancia a sus amos, adivinando.

17 Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo: — ¡Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes les anuncian el camino de salvación!

18 Hacía esto por muchos días. Y Pablo, ya fastidiado, se dio vuelta y dijo al espíritu: — ¡Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella! Y salió en el mismo momento.

19 Pero cuando sus amos vieron que se les había esfumado su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades.

20 Al presentarlos ante los magistrados, dijeron: — ¡Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad!

21 ¡Predican costumbres que no nos es lícito recibir ni practicar, pues somos romanos!

22 Entonces el pueblo se levantó a una contra ellos. Y los magistrados les despojaron de sus ropas con violencia y mandaron azotarles con varas.

23 Después de golpearles con muchos azotes, los echaron en la cárcel y ordenaron al carcelero que los guardara con mucha seguridad.

24 Cuando este recibió semejante orden, los metió en el calabozo de más adentro y sujetó sus pies en el cepo.

25 Como a la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los presos les escuchaban.

26 Entonces, de repente sobrevino un fuerte terremoto, de manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos. Al instante, todas las puertas se abrieron y las cadenas de todos se soltaron.

27 Cuando el carcelero despertó y vio abiertas las puertas de la cárcel, sacó su espada y estaba a punto de matarse, porque pensaba que los presos se habían escapado.

28 Pero Pablo gritó a gran voz, diciendo: — ¡No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí!

29 Entonces él pidió luz y se lanzó adentro, y se postró temblando ante Pablo y Silas.

30 Sacándolos afuera, les dijo: — Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?

31 Ellos dijeron: — Cree en el Señor Jesús y serás salvo, tú y tu casa.

32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.

33 En aquella hora de la noche, los tomó consigo y les lavó las heridas de los azotes. Y él fue bautizado en seguida, con todos los suyos.

34 Les hizo entrar en su casa, les puso la mesa y se regocijó de que con toda su casa había creído en Dios.

35 Cuando se hizo de día, los magistrados enviaron a los oficiales a decirle: — Suelta a esos hombres.

36 El carcelero comunicó a Pablo estas palabras: — Los magistrados han enviado orden de que sean puestos en libertad; ahora, pues, salgan y váyanse en paz.

37 Pero Pablo les dijo: — Después de azotarnos públicamente sin ser condenados, siendo nosotros ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel; y ahora, ¿nos echan fuera a escondidas? ¡Pues no! ¡Que vengan ellos mismos a sacarnos!

38 Los oficiales informaron de estas palabras a los magistrados, quienes tuvieron miedo al oír que eran romanos.

39 Y fueron a ellos y les pidieron disculpas. Después de sacarlos, les rogaron que se fueran de la ciudad.

40 Entonces, después de salir de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto a los hermanos, les exhortaron y luego partieron.

CAPITULO 16

EL SEGUNDO VIAJE MISIONERO DE PABLO

Captíulos 15:41 hasta 18:22

15:41-16:5. VISITACION A LAS IGLESIAS ANTERIORMENTE FUNDADAS: TIMOTEO SE UNE AL GRUPO. 15:41. Y anduvo la Siria y la Cilicia (véase nota, v. 23). Tomó probablemente la misma ruta como cuando Pablo fué despachado con prisa de Jerusalén a Tarso, de donde siguió por tierra (véase nota, cap. 9:30). cap. 16:1. Después llegó a Derbe, y a Listra: y he aquí, estaba allí un discípulo—Es decir, en Listra (no en Derbe, como algunos infieren del cap. 20:4). llamado Timoteo—Véase nota, cap. 14:20. Como Pablo lo llama su “verdadero hijo en la fe” (1 Timoteo 1:2), se infiere que debió ser ganado para Cristo en la primera visita del apóstol; y como Pablo dice que él “había comprendido las persecuciones que le sobrevinieron en Listra” (2 Timoteo 3:10), puede que estuviese en aquel grupo de discípulos que rodearon el cuerpo al parecer muerto del apóstol, fuera de las murallas de Listra, y en aquella época de la vida cuando la mente recibe sus impresiones más profundas ante un espectáculo de padecimiento inocente y de valor invencible. [Hows]. El habría de ser uno de los discípulos “confirmados” en la segunda visita del apóstol, cuando los exhortó “a que permaneciesen en la fe”, y les advirtió que era “menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (cap. 14:21, 22). hijo de una mujer Judía—“La fe no fingida” que había primero en su abuela Loida, descendió a su “madre Eunice”, y luego pasó a este joven (2 Timoteo 1:5), el que “desde la niñez había sabido las Sagradas Escrituras” (2 Timoteo 3:15). Sus dones y su destinación para el ministerio de Cristo ya estaban atestiguados (1 Timoteo 1:18; 1 Timoteo 4:14); y aunque Pablo, diez años después, habla de él como joven aún (1 Timoteo 4:12), ya de éste “daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio” (v. 2), y consiguientemente debió ser bien conocido por toda aquella región. mas de padre Griego—Tales matrimonios mixtos, poco practicados, y reprobados por los judíos más estrictos, en Palestina, deben haber sido más frecuentes entre los judíos de la dispersión, especialmente en los distritos remotos, donde se establecían pocas personas del pueblo esparcido. [Hows].

3. Este quiso Pablo que fuese con él—Esto armoniza con todo lo que leemos en los Hechos y las Epístolas acerca de la disposición afectuosa y confiada de Pablo. No tenía vínculos de parentesco que le fuese de provecho en su obra; sus compañeros eran pocos y cambiadizos; y aun cuando Silas podía llenar el puesto de Bernabé, no era marca de debilidad que él anhelara el compañerismo de uno que pudiese ser, lo que Marcos alguna vez pareció ser, hijo en el evangelio. [Hows]. Y en realidad Timoteo llegó a ser el más apegado y servicial de sus asociados (Filipenses 2:19; 1 Corintios 4:17; 1 Corintios 16:10; 1 Tesalonicenses 3:1). Su doble relación, con los judíos por parte de su madre y con los gentiles por la de su padre, fué vista por el apóstol como condición idónea para su propia esfera de labor. “Hasta donde parece, Timoteo es el primer gentil que después de su conversión se presenta como misionero regular: porque lo que se dice de Tito (Gálatas 2:3), atañe a un período posterior”. [Wies]. Pero antes de la partida, Pablo … tomándole, le circuncidó [un rito que todo israelita podía cumplir], por causa de los Judíos … porque todos sabían que su padre era Griego—Esto parece inferir que su padre no era prosélito. Contra los deseos de un padre gentil, a ninguna madre judía se le permitía, como los judíos mismos dicen, circuncidar a su hijo. Así entendemos por qué la religión de Timoteo se originó en el lado materno de la familia (2 Timoteo 1:5). “Si Timoteo no hubiese sido circuncidado, una nube amenazante se hubiera cernido sobre el apóstol en sus actividades futuras. Su norma fija de proceder era hacer su impacto en las ciudades por medio de las sinagogas, predicando el evangelio primero a los judíos y luego a los gentiles. Pero tal curso le hubiera sido imposible, si no hubiese circuncidado a Timoteo. Habría sido forzosamente repelido por aquel pueblo que una vez procuró matarle, porque se imaginaron que él había metido a un griego en el templo (cap. 21:29); el mismo contacto social habría sido casi imposible. porque aun era “una abominación” comer con los incircuncisos”. [Hows]. Al negarse a compeler a Tito posteriormente a que se circuncidase (Gálatas 2:3), según la demanda de los cristianos judaizantes, como necesario para la salvación. Pablo no hacía sino confirmar “la verdad del evangelio” (Gálatas 2:5); pero al circuncidar a Timoteo “a los judíos se hacía judío para ganar a los judíos”. Probablemente la ordenación de Timoteo tuvo lugar en esta ocasión (1 Timoteo 4:14; 2 Timoteo 1:6): y fué un servicio. aparentemente. de gran solemnidad—“delante de muchos testigos” (1 Timoteo 6:12).

4, 5. Y como pasaban por las ciudades, les daban que guardasen los decretos … Así que, las iglesias eran confirmadas en fe, y eran aumentadas en número cada día—No fué aumentado el número de las iglesias, sino el número de miembros en las iglesias. Ahora son confirmadas en la fe estas iglesias por esta vista y por la evidencia por escrito que les fué presentada, del triunfo en Jerusalén de la libertad cristiana y por las sabias medidas tomadas allí para conservar la unidad entre convertidos judíos y gentiles.

6-12. ABREN NUEVO TERRENO EN FRIGIA Y GALACIA—SIENDOLES CORTADO MISTERIOSAMENTE EL CAMINO POR ESOS LADOS, VIAJAN HACIA EL OESTE HASTA TROAS, DESDE DONDE SON DIRIGIDOS POR DIOS A MACEDONIA—EL HISTORIADOR MISMO SE UNE AL GRUPO MISIONERO, SE EMBARCAN PARA NEAPOLIS, Y LLEGAN A FILIPOS.

6. Y pasando a Phrygia y la provincia de Galacia—Mejor, “pasado que hubieron por la Frigia …”, siguiendo hacia el noroeste. En ese entonces ya debieron haberse establecido “las iglesias de Galacia” (Gálatas 1:2; 1 Corintios 16:1); fundadas por el apóstol Pablo, como lo sabemos por la Epístola a los Gálatas (particularmente cap. 4:19), y que ya existían, cuando él estaba en su tercer viaje misionero, como vemos en cap. 18:23, donde parece que no tuvo menos éxito en Frigia. Por qué estas actividades, tan interesantes como deberían haber sido, no están detalladas aquí, no es fácil explicar, porque las varias razones sugeridas no son muy satisfactorias: por ejemplo, que el historiador aun no se había unido al grupo [Alford]; que él tenia prisa en llevar al apóstol a Europa [Olshausen]; que la corriente principal del desarrollo de la iglesia comprendía la ruta desde Jerusalén hasta Roma, y que las labores del apóstol en Frigia y Galacia estaban bien fuera de aquella línea. [Baumgarten], les fué prohibido por el Espíritu Santo [hablando por algún profeta; véase nota. cap. 11:27] hablar la palabra en Asia—No en el gran continente asiático, ni aun la rica provincia ahora llamada el Asia Menor, sino solamente la parte de la costa occidental que constituía la provincia romana de Asia.

7. y como vinieron a Misia—donde, por ser parte del Asia romana, estaban vedados de obrar (v. 8)—tentaron de ir a [o “hacia”] Bithyniaal nordestemas el Espíritu [hablando como antes] no les dejó—probablemente porque (1) Europa estaba madura para las labores de este grupo misionero: y (2) otros instrumentos (misioneros) habían de ser honrados para establecer el evangelio en las regiones orientales del Asia Menor, especialmente el apóstol Pedro (comp. 1 Pedro 1:1). A fines del primer siglo, como testifica Plinio el gobernador, Bitinia estaba repleta de cristianos. “Esta es la primera vez que se dice expresamente que el Espíritu Santo hablara para determinar el rumbo que debían seguir en sus esfuerzos por evangelizar a las naciones: y evidentemente fué con el propósito de enseñar que. mientras que hasta este punto la difusión del evangelio se había llevado a cabo en un curso ininterrumpido. según los puntos naturales de contacto. ahora debía dar un salto que no hubiera podido dar sin ser impelido por una intervención inmediata e independiente del Espíritu: y aunque en primer término. esta intimación del Espíritu no fué sino negativa, y se refería sólo a la vecindad inmediata, podemos concluir libres de duda que Pablo la entendía como señal de que una nueva época había de iniciarse en sus trabajos misioneros.” [Baumgarten].

8. descendieron a Troas—Ciudad sobre la costa nordeste del mar Egeo, la frontera occidental de Asia Menor, región que fué el escenario de la gran Guerra Troyana.

9. Y fué mostrada a Pablo de noche [despierto, porque no se dice que fué un sueño] una visión: Un varón macedonio se puso delante, rogándole, y diciendo: Pasa a Macedonia, y ayúdanos—“Dirigiendo la mirada al través del mar Egeo, desde Troas, que se hallaba al nordeste, hacia las colinas macedónicas, visibles al noroeste, difícilmente podría el apóstol dejar de pensar que aquella región sería el escenario de sus labores futuras; y si se retiró a descansar con este pensamiento, estaría bien preparado para recibir las indicaciones de la divina voluntad que luego le serían dadas. Este varón macedónico de la visión se identificó por lo que dijo. Pero fué un ruego no del deseo consciente del evangelio, sino de la honda necesidad de él y de la preparación inconsciente para recibirlo, no sólo en dicha región, sino también, podemos decir, al través de todo aquel imperio occidental del que Macedonia no era sino, se puede decir, representativa. Esta fué una confesión virtual de que “el esplendor superlativo del paganismo”, que debemos reconocer en las artes de Grecia y en la política y el poder de Roma, había llegado al fin de todos sus recursos. Dios había dejado a los pueblos gentílicos que anduviesen en sus propios caminos (cap. 14:2). Ellos habían procurado ganarse la salvación por sí mismos; pero aquellos que habían progresado más por los caminos del desarrollo natural, ahora estaban compenetrados por el sentimiento de que todo realmente había sido vanidad. Este sentimiento es el resultado puro y sencillo de toda la historia del paganismo. E Israel, yendo por el camino que Dios le había señalado, del mismo modo había llegado a su fin. Ahora Pablo está en condición de realizar su vocación original, viniendo a ser el guía que ha de dirigir a los gentiles a Dios, el solo Autor y Creador de la redención de la humanidad. Pablo es en verdad la persona en quien esta vocación de Israel es ahora una divina realidad presente, y en quien se confirma, por esta aparición nocturna del macedonio, el estado de preparación del mundo pagano para recibir el ministerio de Israel a favor de los gentiles.” [Baumgarten]. Aun clama esta voz del paganismo a la iglesia de Cristo, y nunca emprende la iglesia la obra misionera, ni sale misionero alguno, en el debido espíritu salvo en obediencia a este clamor.

10. Y como vió la visión, luego procuramos partir a Macedonia—El pronombre “nosotros” que aparece aquí por primera vez, es una modesta indicación de que el historiador mismo se había unido al grupo misionero. (Las objeciones modernas que se hacen al respecto, son frívolas). Si la salud quebrantada de Pablo tuvo algo que ver con este arreglo de tener al “amado médico” con él [Wies]. nunca se podrá saber con certeza; pero de que éste se hubiera sentido honrado con poder cuidar de una vida tan preciosa, no puede haber duda.

11. Partidos pues de Troas, vinimos [literalmente. “corrimos”] camino derecho [esto es, “corrimos con el viento”] a Samotracia—Isla elevada sobre la costa traciana, al norte de Troas, con una inclinación hacia el oeste. El viento debió ser fuerte desde el sur o el sudeste para hacerles llegar allá tan pronto, puesto que la corriente del agua es fuerte en el sentido contrario, y posteriormente emplearon cinco días para hacer el mismo recorrido que ahora hicieron en dos (cap. 20:6). [Hows] y el día siguiente a Neápolis—en la costa macedónica, o más bien traciana, como a 97 kilómetros de Samotracia, y dieciséis de Filipos, de la que es puerto de mar.

12. Y de allí a Filipos … primera ciudad de la parte de Macedonia—Parece que el significado de esto es que era la primera ciudad a que uno llega yendo desde Neápolis. Difícilmente sería “ciudad principal” de Macedonia. una colonia—Es decir, que gozaba de los privilegios de la ciudadanía romana, que eximían del azotamiento y, en casos ordinarios, del arresto, y daban el derecho de apelar del magistrado local al emperador. Aunque Antioquía de Pisidia y Troas eran también colonias, el hecho se menciona solamente en el caso de Filipos a causa de las frecuentes referencias hechas a los privilegios y deberes romanos en lo que sigue del capítulo.

12-40. EN FILIPOS, LIDIA SE CONVIERTE CON SU FAMILIA Y SON BAUTIZADOS, UN ESPIRITU INMUNDO ES ECHADO, Y PABLO Y SILAS SON AZOTADOS Y ENCARCELADOS, PERO SON LIBRADOS MILAGROSAMENTE, Y EL CARCELERO Y SU FAMILIA SON CONVERTIDOS Y BAUTIZADOS.

12, 13. Y estuvimos en aquella ciudad algunos días—esperando la llegada del sábado. Su estada entera puede haber ocupado varias semanas. Como su norma era principiar con los judíos y los prosélitos, nada hicieron antes del tiempo cuando sabían que se reunirían ellos para el culto. un día de sábado—Griego, “el día de sábado”; el primero después de su llegada. salimos de la puerta [de la ciudad] junto al río—Una de las pequeñas corrientes que daban nombre al lugar antes que fundara la ciudad Felipe el Macedonio. donde solía ser la oración—donde se hacía la reunión de oración. Es evidente que no había sinagoga en Filipos (en contraste con cap. 17:1), siendo poco el número de judíos residentes allí. Parece que la reunión consistía en mujeres solamente, y éstas no todas judías. Se prefería un sitio cerca del río, a causa de las ablusiones ceremoniales practicadas en tales ocasiones. sentándonos, hablamos a las mujeres—Fué una congregación humilde, y sencilla la manera de predicación. Pero aquí y en esta forma se cosecharon las primicias de Europa para Cristo, y éstas fueron del sexo femenino; de cuya accesión y servicios se hará honorable mención una y otras veces.

14, 15. Entonces … Lidia—Nombre muy común entre los griegos y los romanos. que vendía púrpura en la ciudad de Tiatira—en la frontera de Lidia y Frigia. Los lidios, particularmente los habitantes de Tiatira, eran célebres por su teñidura, en la que había heredado la reputación de los tirios. Inscripciones a este efecto aun existentes confirman la exactitud de nuestro historiador. Esta mujer parece que estaba en buenas circunstancias económicas, pues tenía en Filipos un establecimiento suficiente para acomodar al grupo misionero (v. 15), y recibía sus mercaderías desde su ciudad natal. temerosa de Dios—“adoradora”, o prosélita de la fe judaica, y como tal, presente en la reunión. el corazón de la cual abrió el Señor—Es decir, el Señor Jesús (véase v. 15; y comp. Lucas 24:45; Mateo 11:27). Para que estuviese atenta a lo que Pablo decía—“Lo que demuestra que la inclinación del corazón hacia la verdad no se origina en la voluntad del hombre. La primera disposición de inclinarse hacia el evangelio es una obra de gracia.” [Olshausen]. Nótese la importancia que aquí se da al vocablo “estar atenta” a la verdad: aquella especie de atención que consiste en tener toda la mente absorta en ella, para compenetrarse de ella y entender su vital carácter salvador. Y cuando fué bautizada, y su familia—probablemente sin mucha demora. La mención del bautismo aquí por primera vez en conexión con Pablo, si bien se practicó sin duda en todos sus anteriores convertidos, indica la importancia de este primer bautismo europeo. Aquí también es la primera mención de una familia cristiana. Si se incluían niños, y en tal caso niños bautizados, no se dice explícitamente; pero la suposición, como en otros casos del bautismo de familias, es que sí eran incluídos. Con todo, la cuestión del bautismo infantil debe ser determinada en otras bases; tales alusiones incidentales forman solamente una parte de los materiales históricos para averiguar las prácticas de las iglesias. nos rogó, diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor—al Señor Jesús; es decir, “Por la fe en él, que habéis reconocido en mí por el bautismo”. Se descubre una modestia hermosa en esta expresión. y constriñónos—La palabra parece inferir que tenían pocos deseos de aceptar, pero que al fin accedieron.

16-18. Y … yendo nosotros a la oración—Las palabras parecen indicar que fué en el camino para el lugar usual de la oración pública, en la ribera del río, donde ocurrió esto; por tanto, no en el mismo día cuando ocurrió lo antes relatado. una muchacha—“una sirvienta”, y en este caso, una esclava (v. 19). que tenía espíritu pitónico—o espíritu de pitón; que tenía espíritu inspirado, según se suponía, por el Apolo Pítico, o bien, de la misma naturaleza. La realidad de esta posesión demoníaca es tan innegable como la de otra cualquiera de la historia evangélica. daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Alto, etc.—¡Glorioso testimonio! Pero véase Lucas 4:41. esto hacía por muchos días—en muchas ocasiones sucesivas, cuando iban a la reunión de oración de costumbre, o mientras se ocupaban en el servicio religioso. mas desagradando a Pablo—“dolorido Pablo”, por la pobre víctima; entristecido de ver semejante poder en manos del enemigo de la salvación del hombre, y de observar el propósito maligno con que profería este alto testimonio de Cristo.

19. Y viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas—como las personas principales—y los trajeron al foro, al magistrado, etc.—Tenemos en esto una confirmación plena e independiente de la realidad de la curación sobrenatural, puesto que en cualquier otra suposición tal conducta habría sido locura.

20. Estos hombres, siendo Judíos—Eran objeto de odio, de escarnio y de sospecha, por parte de los romanos, y en aquel entonces de prejuicio más que usual. alborotan nuestra ciudad—Véanse cargos similares, cap. 17:6; 24:5; 1 Reyes 18:17. Había un tinte de verdad en tales acusaciones, por cuanto el evangelio, y generalmente el temor de Dios, como el principio dominante de la acción humana, es en el mundo impío un principio enteramente revolucionario. Hasta qué punto la conmoción y el cambio en cualquier caso contribuirán al éxito de este principio, dependerá de la amplitud y la obstinación de la resistencia que le haga frente.

21. Y predican ritos [“costumbres”], los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos [“siendo”] Romanos—Aquí también había algo de verdad, pues estaba prohibida por ley la introducción de nuevos dioses, y esta ley podía aplicarse a todo cambio de religión. Pero toda la acusación era pura hipocresía, por cuanto estos hombres hubieran permitido que los misioneros predicasen la religión que los pluguiese, siempre que no hubiesen sacado el manantial de sus ganancias. Así pues disimulan la verdadera causa de su rabia, aparentando que sienten celo por su religión, por la ley y por el buen orden. (Así en cap. 17:6, 7; 19:25, 27).

22. Y agolpóse el pueblo contra ellos—Como en cap. 19:28, 34; 21:30; Lucas 23:18). y los magistrados rompiéndoles [a Pablo y a Silas] sus ropas—Es decir, que ordenaron a los lictores, o portadores de las fasces, que les quitasen sus ropas para desnudarles el cuerpo (véase nota, v. 37). La palabra expresa la rudeza con que trataban a los presos al prepararlos para ser azotados. les mandaron azotar con varas—sin previo juicio (v. 37), para apaciguar la ira del populacho. Parece que tres veces Pablo soportó esta indignidad (2 Corintios 11:25).

23, 24. Y después que los hubieron herido de muchos azotes—ocasionándoles heridas sangrientas que no les fueron lavadas sino cuando lo hizo el carcelero convertido (v. 33). mandando al carcelero … los metió en la cárcel de más adentro—“Celdas pestilenciales, frías y húmedas, de donde se excluía toda luz, y en donde se oxidaban las cadenas en los presos. Un lugar semejante puede ser visto hasta el día de hoy en las faldas del Capitolio de Roma”. [Hows]. y les apretó los pies en el cepo—Esto era un instrumento de tortura, así como de reclusión, hecho de madera rodeada de hierro, con agujeros para los pies, los que se apartaban el uno del otro según la severidad deseada. (Orígenes, en un tiempo posterior, además de tener el cuello metido en un collar de hierro, yació por muchos días tendido con los pies separados en el cepo). Aunque los carceleros eran proverbialmente hombres sin sentimientos, la orden recibida le autorizó en este caso para obrar con tal crueldad.

25. Mas a media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos—Mientras derramaban el corazón en oración, prorrumpieron en alabanzas cantando himnos con gozo y en alta voz. Como el verbo aquí usado es el mismo usado para denotar el himno pascual cantado por nuestro Señor y sus discípulos después de la última pascua (Mateo 26:30), el cual sabemos consistía en los Salmos 113 a 118, y se cantaba en dicha fiesta, es probable que fuesen estas porciones de los Salmos. tan ricos en tales materiales, lo que nuestros gozosos afligidos entonaban; ni podrían ser otros más apropiados ni más inspiradores para ellos que estos seis Salmos mismos, los que todo judío piadoso conocería sin duda de memoria. “Dios da canciones en la noche” (Job 35:10). Aunque sus cuerpos aun estaban sangrando, y eran torturados en los cepos, sus espíritus, bajo “el poder impulsivo de un nuevo afecto”, se elevaron por encima del dolor, e hicieron que su canto resonara por las paredes de la cárcel. “En estos himnos de medianoche, entonados por los testigos encarcelados de Jesucristo, no sólo se deshace todo el poderío de la injusticia y violencia romanas contra la iglesia, sino que también se convierte en un contraste para pregonar más perfectamente la majestad y el poder espiritual de la iglesia. que el mundo hasta ahora ignoraba. Y si los padecimientos de estos dos testigos de Cristo eran el principio y el tipo de los innúmeros martirios que de la misma fuente habían de sobrevenir a la iglesia, de la misma manera el triunfo del Espíritu sobre el padecimiento sin paralelo, fué el principio y la garantía de un poder espiritual que después vemos brillar tan triunfante e irresistible en muchos mártires de Cristo entregados cual presa al mismo poder imperial de Roma.” [Neandro en Baumgarten]. y los que estaban presos los oían—Literalmente, “los estaban escuchando”; es decir, cuando sobrevinieron de repente los asombrosos eventos en seguida relatados, no estaban dormidos, sino bien despiertos y maravillados (sin duda) de lo que oían.

26-28. Entonces fué hecho de repente un gran terremoto—en contestación, sin duda, a las oraciones y esperanzas de aquellas víctimas, de que en defensa de la verdad y para gloria de su Señor, hubiese alguna intervención. y las prisiones de todos—las “ataduras”, cepos y manillas de todos los presos—se soltaron—No a causa del terremoto, por supuesto, sino por una energía milagrosa que le acompañaba. Por medio de esto y de los cánticos gozosos que habían escuchado de parte de los mártires, por no decir nada del cambio operado en el carcelero, estos presos apenas hubieran podido dejar de quedar impresionados al punto de abrir el corazón para recibir la verdad; y esta parte de la narración parece ser el resultado de la información comunicada después por uno o más de estos hombres. Y despertado el carcelero … sacando la espada se quería matar, etc.—sabiendo que él pagaría con la vida la huída de los presos (cap. 12:19, y comp. cap. 27:42). Mas Pablo clamó a gran voz—para evitar semejante hecho—No te hagas ningún mal; que todos estamos aquí—¡Cuánta serenidad y sangre fría! No mostró nada de orgullo por su liberación milagrosa, ni ninguna prisa para provecho propio; antes bien, un solo pensamiento ocupaba la mente del apóstol en aquel instante: el ansia de salvar un ser humano, evitando que se lanzara a la eternidad, ignorando el solo camino de la vida; muestra su presencia de ánimo en la seguridad que le da al hombre desesperado de que ninguno de sus presos se había huído, como él había temido. Pero, se han preguntado algunos críticos escépticos recientes, ¿cómo pudo Pablo, en la cárcel de más adentro, saber qué estaba por hacer el carcelero? Hay muchas maneras concebibles, sin suponer que hubo alguna intervención sobrehumana. Así pues, pudo haberlo sabido en caso de que el carcelero durmiera a la puerta de la “cárcel de más adentro”, la que abrió repentinamente, cuando el terremoto sacudió los cimientos del edificio: también. en caso de que, como es fácil suponer, hubiera dado algún grito de desesperación, al ver abiertas las puertas; o si el crujido del acero al sacarlo de la vaina, fué audible a los muy pocos metros, aumentado en el silencio de la media noche por el pavor que el milagro obrara en los presos. ¿Qué dificultad hay pues, en suponer que Pablo, percibiendo al instante el estado de las cosas, gritara v corriera hasta su lado. y dijera estas palabras de ruego amoroso? No de menos valor es la pregunta: ¿Por qué no huyeron los demás presos así liberados? No hay la más mínima dificultad en comprender que, bajo la convicción irresistible de que debía haber algo de sobrenatural en su instantánea liberacíón sin mano humana, fueron sobrecogidos de tal admiración y asombro, que se les borró de su mente. por el momento, no sólo todo deseo de escaparse, sino también todo pensamiento tocante al asunto.

29, 30. El entonces pidiendo luz, entró dentro [de un salto] derribóse a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos fuera, les dice—¡Cuán gráfica esta rápida sucesión de detalles minuciosos ofrecidos evidentemente por los presos como por el carcelero, los que referirían una y muchas veces toda fase de la escena, en la que se había visto tan maravillosamente la mano del Señor. Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo?—Si esta pregunta parece ser una anticipación a la luz que se supone que el carcelero aun no poseía, considérese (1) que el “temblor” que le tomó no pudo haber sído causado por la seguridad de los presos, pues todos estaban allí; de ser así, él hubiera procedido a asegurarlos, antes que dejarlos para caer a los bies de Pablo y Silas. Por la misma razón, está claro que su temblor nada tenía que ver con el informe que él tenía que dar a los magistrados. Una sola explicación de ello se puede dar: que se había alarmado de repente por su estado espiritual, y que, aunque un momento antes estaba por arrojarse a la eternidad con la culpa de su propia muerte sobre su cabeza. sin una idea del pecado que estaba cometiendo, ni de sus terríbles consecuencias, ahora su incapacidad para comparecer ante Dios, y su necesidad de la salvación, brillan en su alma y arrancan de ella el grito aquí asentado. Si todavía se pregunta cómo su condición espiritual pudo ser tan patente, considérese (2) que el carcelero apenas podía ser ignorante de la naturaleza de las acusaciones hechas contra los misioneros, ya que vió que habían sido azotados públicamente por orden de los magistrados, lo cual llenaría toda la ciudad de los hechos del caso, inclusive el extraño clamor diario de la pitonisa: “Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de la salvación”—palabras que proclamaban no sólo la divina ordenación de estos predicadores, sino también las nuevas de la salvación que ellos anunciaban, la expulsión milagrosa del demonio y la furia de sus amos. Todo esto, por cierto, nada le importaría a tal hombre, mientras no fuera despertado por el potente terremoto que hiciera temblar el edificio: entonces, lleno de desesperación al ver abiertas las puertas, la espada de autodestrucción es detenida repentinamente por uno de los presos, palabras tales que él nunca se hubiera imaginado podrían ser dichas en tales circunstancias, palabras que dejaban ver en sí algo de divino. Entonces hace un nuevo descubrimiento: Fué verdadero aquel pregón de la pitonisa: “Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de la salvación”. Esto es lo que me conviene saber; de estos mensajeros divinos debo aprender aquel “camino de la salvación”. Substancialmente, éste es el clamor de todo pecador convencido de su pecado, aunque variará en cada caso el grado de luz así como la profundidad de la ansiedad expresada.

31-34. Cree en el Señor Jesucristo. y serás salvo—La brevedad, la sencillez v la derechura de esta contestación son. en estas circunstancias. singularmente hermosas. Bastaba en aquel momento la contestación para hacer que su fe fuese dirigida sencillamente al Salvador, con la seguridad de que esto daría a su alma la salvación necesitada y buscada, siendo el cómo un asunto de enseñanza posterior. tú, y tu casa—Véase nota. Lucas 19:10. Y le hablaron la palabra del Señor—Explicando ahora más extensamente quién era “el Señor Jesús” a quien habían dirigido la fe de él y qué “la salvación” que el Señor le daría. y a todos los que estaban en su casa—Quienes desde sus propias habitaciones (probablemente bajo el mismo techo de la cárcel) habían rodeado a los apóstoles, excitados por el terremoto. (No es necesario inferir del hecho de que se dirigiera el mensaje evangélico a “los que estapan en su casa”, que no hubiese en ella niños, sino sólo que como había adultos además del carcelero mismo, así a todos éstos que eran los únicos indicados para ser evangelizados, les predicaron la palabra). Y tomándolos—la palabra sugiere un cambio de sitio—en aquella misma hora de la noche, les lavó los azotes—en alguna fuente que hubiese en el patio de la cárcel. [Hows]. La mención de “aquella misma hora de la noche” parece inferir que tuvieron que salir al aire libre, lo que no obstante la hora impropia, hicieron. En estas heridas sangrientas nunca había pensado el impasible carcelero. Pero ahora que todo su corazón estaba abierto a sus benefactores espirituales, no podía sentirse tranquilo sin antes hacer todo lo posible para procurar el alivio físico de ellos. y se bautizó luego él, y todos los suyos—Probablemente en la misma fuente, como esto se hizo “luego”; el lavamiento por parte del carcelero fue seguido por el de los demás por su parte. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa: y se gozó de que … había creído a Dios—como convertido gentil, pues apenas se hablaría así de la fe de un judío. [Alford]. con toda su casa—El maravilloso cambio operado en él y en toda su casa llenó su corazón de gozo. “Esta es la segunda casa que, en la ciudad de Filipos, se ha consagrado por su fe en Jesús, y cuyos miembros. con su cariñosa acogida de los testigos del evangelio, se han resuelto principiar de nuevo una vida doméstica agradable y acepta a Dios. Aquello resultó de la sencilla predicación del evangelio; esto fué el fruto de un testimonio sellado y ennoblecido por el padecimiento.” [Baumgarten].

35, 36. Y como fué de día, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo: Deja ir a aquellos hombres—La causa de este cambio sólo se puede conjeturar. Pasada la conmoción, la meditación pronto los convencería de la injusticia obrada, aun cuando se considerara que los presos no merecían privilegios especiales. Si llegaban a ellos rumores de que los presos de alguna manera gozaban de protección sobrenatural, el temor tanto más les inspiraría el deseo de deshacerse de ellos. el carcelero [arrebatado de gozo por tales órdenes] hizo saber estas palabras a Pablo … así que ahora salid, e id en paz—De modo muy distinto recibió Pablo tales órdenes.

37. Pablo les dijo—a los lictores que habían entrado en la cárcel junto con el carcelero a fin de poder informar de la partida de ellos. Azotados—mejor dicho, “habiéndose azotado”—públicamente—La publicidad de la injuria que les fué hecha. exponiendo sus nudos cuerpos ensangrentados al rudo populacho, evidentemente fué la fase más punzante para los delicados sentimientos del apóstol, y es a esto que hace alusión a los tesalonicenses. probablemente un año después: “… habiendo padecido antes, y sido afrentados en Filipos, como sabéis” (1 Tesalonicenses 2:2). sin ser condenados—por un juicio legal.—siendo Romanos [véase nota. cap. 22:28] nos echaron en la cárcel—siendo ambas cosas ilegales. De la ciudadanía de Silas, si él debió ser incluído, nada sabemos. y ¿ahora nos echan [véase Marco 9:38] encubiertamente?—Nótese el contraste entre el insulto público que les habían hecho y la manera privada en que les mandaron que se fuesen. No, de cierto, sino vengan ellos y sáquennos—Por un acto formal, equivalente a una declaración pública de la inocencia de ellos.

38. y tuvieron miedo, oído que eran Romanos—Puesta en peligro así su autoridad, pues quedaban expuestos a juicio por lo que habían hecho.

39, 40. Y viniendo [en persona], les rogaron—que no los denunciasen. ¡Qué contraste entre esta actitud rogativa de los pretores de Filipos y el aire tiránico con que el día anterior habían tratado a los predicadores! (Véase Isaías 60:14; Apocalipsis 3:9). y sacándolos—“conduciéndolos fuera de la casa a la calle, como se les instó”—les pidieron que se saliesen de la ciudad—temiendo acaso que de nuevo se hiciese tumulto del pueblo. Entonces salidos de la cárcel—Habiendo alcanzado su propósito de vindicar sus derechos, por la violación de los cuales en este caso el evangelio en la persona de ellos había sido ilegalmente afrentado, no pensaron llevar el asunto más adelante. Su ciudadanía les era de valor solamente como un escudo para la causa de su Maestro en contra de los daños no necesarios. ¡Qué hermosa mezcla ésta de dignidad y de mansedumbre! No se debe descuidar servilmente ninguna cosa terrenal que pueda usarse en provecho del evangelio; mas para otro fin cualquiera, nada de esta naturaleza debe considerarse de valor. Este buen ejemplo es útil para todas las edades. entraron en casa de Lidia—así como para demostrar por este proceder no apresurado que no fueron obligados a salir, sino que tenían plena libertad para obrar como les convenía. y habiendo visto a los hermanos—No sólo en la familia de Lidia y los del carcelero, sino probablemente a otros también ganados al evangelio. los consolaron—Mejor dicho tal vez, “los exhortaron”, cosa que incluiría consolación. “Esta asamblea de creyentes en la casa de Lidia fué la primera iglesia fundada en Europa. “[Baumgarten]. se salieron—Pero no todos; dos de la compañía se quedaron (véase nota, cap. 17:14): Timoteo, de quien los filipenses “la experiencia de él habéis tenido” que estaba solícito por ellos, y era de veras del mismo pensamiento de Pablo, “sirviendo con él en el evangelio como hijo a padre” (Filipenses 2:19); y Lucus, “cuya alabanza es en el evangelio” (2 Corintios 8:18), aunque nunca se alaba a sí mismo ni relata sus propias labores, y aunque sólo podemos trazar sus movimientos en compañía con Pablo, por medio de su uso del pronombre y la variación inconsciente de su estilo. En el capítulo 17 la narración de nuevo emplea la tercera persona, y no vuelve a usar la primera sino sólo en el cap. 20:5, La modestia con que Lucas omite toda referencia a sus propias labores apenas debe ser comentada. Volveremos a trazar sus hechos, cuando se reúna con Pablo en la misma vecindad. Su vocación de médico puede que le haya formado sus relaciones con estas costas contiguas de Asia y Europa, y es posible (como sugiere el Sr. Smith en su obra Shipwreck) que soliese ejercer sus artes profesionales como cirujano de mar. [Hows].

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