Porque considera, observa atentamente y por ello, bajo la guía del Señor, obtiene el entendimiento correcto, y se aparta de todas sus transgresiones que ha cometido, ciertamente vivirá, no morirá. Así se justificó el procedimiento divino y la queja del pueblo resultó infundada. Pero dado que el objeto del Señor era efectuar la liberación de su pueblo de la corrupción y la perdición, cierra esta sección de la profecía con un llamado ferviente.

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