Que se muestre favor al impío, pero no aprenderá justicia, una conducta justa que agrada a Dios; en la tierra de la rectitud, donde todo se hace en armonía con la voluntad de Dios, actuará injustamente, sin simpatizar de ninguna manera con los ideales de los justos y buenos, y no contemplará la majestad del Señor, es decir, como consecuencia de su deliberado rechazo de la gracia de Dios, a causa de la perversidad de su mente, que desprecia la bondad de Dios. Si un hombre está perdido, solo puede culparse a sí mismo.

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