En este punto de la enunciación de las leyes de separación asumen un carácter ligeramente alterado. Hasta ahora, los asuntos fundamentales de las relaciones con Dios han sido la nota principal. Ahora se tratan más particularmente los hábitos de la vida de separación. Las promulgaciones aquí registradas reconocen especialmente los peligros que rodearían a estas personas debido a los hábitos y costumbres de las personas que los rodearían en la tierra.

En vista de estos, primero hubo un llamado a la separación en términos generales. Jehová se afirmó a sí mismo como su Dios y les prohibió claramente que adaptaran sus acciones a los hechos de Egipto o de Canaán, acompañando el mandamiento con la promesa de que, si le obedecían, vivirían así.

Luego siguió el nombramiento de ciertas malas prácticas de la gente de estas tierras, ciertas abominaciones que habían maldecido toda la vida de los pueblos.

A este respecto, ocurre una declaración muy importante, que explica el juicio de Dios sobre la gente de estas tierras. Es que la razón de tal juicio se encuentra en la práctica de estas abominaciones con terribles efectos producidos sobre los pueblos, de modo que fueron totalmente corruptos. Todo esto enfatiza la importancia primordial de la insistencia en la necesidad de que el pueblo de Dios no se deje engañar por tales prácticas.

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad