La tristeza de Nehemías no se podía ocultar del todo. No había sido habitualmente un hombre triste, como él mismo declara; pero el dolor de su nación se manifestó cuando estuvo delante del rey.

Se ha sugerido que esto formaba parte de su plan. Tal interpretación pone a prueba la narrativa, porque Nehemías confesó que cuando el rey detectó señales de duelo, huyó atemorizado. Sin embargo, a través del miedo se manifestó un espléndido coraje cuando le contó al rey la causa de su dolor y le pidió con valentía que le permitiera subir y ayudar a sus hermanos. El secreto del coraje que dominó el miedo aparece en su declaración: "Oré al Dios del cielo y le dije al rey".

Respondida a su oración, partió hacia Jerusalén. Su sagacidad se muestra a lo largo de toda la historia posterior. Apareció primero en su camino a Jerusalén. Llegó en silencio, y no confiando en los informes que le habían llegado, hizo una investigación privada. Habiendo comprobado el verdadero estado de las cosas, reunió a los ancianos y los llamó a levantarse y construir. La oposición fue mostrada de inmediato por los enemigos circundantes, y con fuerte determinación, Nehemías dejó perfectamente claro que no se permitiría ninguna cooperación con aquellos que se burlaban del esfuerzo. Es imposible leer esta historia sin aprender cómo se debe llevar a cabo la obra de Dios en circunstancias difíciles.

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