¿Pero no se había expuesto a una acusación de inconstancia? Si no les hubiera hecho esperar que antes de esto, les habría hecho otra visita, regresando por Corinto desde Macedonia, y tomando de Corinto su salida final a Judea cuando fue a llevar el dinero recolectado para los cristianos pobres en Jerusalén. No era cierto que al abandonar ese plan se había mostrado a sí mismo como alguien en cuya palabra no se podía confiar.

Es cierto que, si bien la confianza a la que acaba de referirse era inquebrantable, había hecho y anunciado este plan. Y él no había trazado sus planes, como hacen los hombres con demasiada frecuencia, de modo que su Sí se convierte a la ligera en No. Se debe confiar en Dios, y el mensaje entregado por Sus mensajeros siempre ha sido directo e inequívoco. Porque no había ambigüedad acerca de Cristo, quien había sido el tema de la predicación del apóstol.

Al contrario, todas las promesas de Dios habían recibido confirmación en Él. Siempre que los corintios dicen amén (así es) a cualquiera o todas estas promesas, ponen su sello a la autenticidad del mensaje y, por tanto, a la sinceridad del mensajero. Y deben recordar que ambas partes, el apóstol y la iglesia, están absolutamente entregadas a Cristo, y eso por Dios mismo. Porque es Dios quien los ungió para el servicio, los selló en el bautismo y les dio en el Espíritu la garantía de la salvación final y completa. Entre las partes que estaban conectadas en una relación como esa, no podía haber mala fe.

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