Junto a ellos los tecoítas repararon a los habitantes de la ciudad de Tecoa, en la tribu de Judá. Pero sus nobles no pusieron el cuello en la obra, no se sometieron a ella, no la promoverían, ni por orgullo, ni por pereza, ni por codicia, ni por obediencia secreta a los enemigos de los judíos. De su Señor de Dios, a quien poseían para su Señor, cuya obra era esta, porque había procedido hasta ahora por su singular providencia; y porque se hizo para la defensa de la ciudad, el pueblo y el templo de Dios. Y por eso están marcados para toda la posteridad. Que los nobles no piensen nada por debajo de ellos, por lo que puedan beneficiar a su país. ¿Para qué sirve su nobleza, sino que los coloca en una esfera de utilidad cada vez más alta?

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