No es nada, no es nada. La mercancía tiene poco valor; dice el comprador. A saber, al vendedor; lo desaconseja para rebajar su precio; pero cuando se ha ido, habiendo comprado el artículo según sus propios términos; luego se jacta de que con su sutileza ha excedido al vendedor y ha obtenido una gran ventaja para sí mismo, y se ríe de su sencillez al venderlo a un precio tan bajo. Esto lo advierte Salomón como una práctica común pero muy reprochable.

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