Isaías 53:5
5 Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El castigo que nos trajo paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados.
Significado. El Siervo sufre no por sus propias faltas, sino por las nuestras; su castigo nos trae paz y sus heridas nos sanan. Aquí late el corazón del evangelio: una sustitución penal querida por Dios.
Contexto. Isaías profetiza en Judá durante el siglo VIII a.C., dirigiéndose a un pueblo bajo amenaza de juicio y exilio. Este versículo pertenece al cuarto «Canto del Siervo» (Isaías 52:13–53:12), donde el profeta anuncia, siglos antes de la cruz, a un Siervo justo que padecerá en lugar de los muchos. El destinatario inmediato es un Israel necesitado de consuelo y de esperanza redentora, pero la mira final es el Mesías y todo su pueblo.
Explicación. Las preposiciones dominan el texto: «por» nuestras rebeliones, «por» nuestros pecados. El verbo traducido «herido» (mejolal) evoca un traspasar mortal, y «molido» (medukka) una trituración bajo peso. No se trata de un mártir ejemplar, sino de una víctima sustitutoria sobre la que recae lo que merecíamos. La frase «el castigo de nuestra paz fue sobre él» revela que la reconciliación con Dios no es gratuita en el sentido de barata: tiene un precio infinito, pagado por Otro. Desde la perspectiva reformada, vemos aquí la expiación definida y eficaz: el Padre, soberano, dispone la entrega del Hijo (Isaías 53:10), de modo que la salvación brota enteramente de la gracia y no de mérito humano alguno. Las «llagas» que sanan no curan primariamente el cuerpo, sino la herida mortal del pecado.
Referencias relacionadas. Pedro cita directamente este versículo aplicándolo a Cristo (1 Pedro 2:24). Pablo lo respalda al afirmar que Dios «al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros» (2 Corintios 5:21). Romanos 5:1 declara la paz lograda mediante la justificación, y Juan 1:29 presenta al Cordero que quita el pecado del mundo. El sistema sacrificial de Levítico 16 prefiguraba esta sustitución.
Aplicación práctica. Quien comprende este versículo deja de buscar paz en su propio desempeño y descansa en la obra consumada del Siervo. Frente a la culpa, no apelamos a nuestras enmiendas, sino a sus heridas. Esto produce humildad, pues nada aportamos, y gratitud profunda, pues todo se nos da. También despierta compasión: si fuimos sanados por sus llagas, vivamos al servicio de otros heridos.
Para reflexionar. ¿Dónde busco realmente mi paz con Dios: en lo que yo hago, o en lo que el Siervo ya padeció por mí?