Significado. El versículo contempla las aguas primordiales que cubrían la tierra como un manto, sometidas por completo al gobierno soberano del Dios que ordena la creación con sabiduría y poder.

Contexto. El Salmo 104 es un himno de alabanza a Dios como Creador y Sustentador, tradicionalmente atribuido a David y leído en la tradición de Israel como una meditación poética sobre la obra de Génesis 1. El salmista, dirigiéndose a Yahvé, recorre los días de la creación celebrando la providencia que ordena los cielos, las aguas, la tierra y todo ser viviente. En los versículos 5 al 9 el foco recae sobre el dominio de Dios sobre las aguas del abismo, destinatario de un pueblo llamado a adorar al Señor que reina sobre el caos.

Explicación. «La cubriste con el abismo, como con vestido; sobre los montes estaban las aguas.» El término hebreo «tehom», el abismo o las profundidades, evoca las aguas indómitas de Génesis 1:2. El salmista las presenta no como una fuerza rival, al modo de los mitos paganos, sino como una prenda que Dios mismo dispone sobre la tierra. La imagen del «vestido» subraya que aun lo que parece incontenible es instrumento dócil en las manos del Creador. Desde la perspectiva reformada, aquí brilla la soberanía absoluta de Dios: no hay materia primigenia, ni poder hostil, que escape a su decreto. El mismo Verbo por quien todo fue hecho (Juan 1:3) gobierna las profundidades, y nada existe fuera de su providencia ordenadora.

Referencias relacionadas. Génesis 1:2 y 1:9 narran el cubrir y el recoger de las aguas; Job 38:8-11 describe cómo Dios pone puerta y cerrojo al mar; Proverbios 8:27-29 muestra a la Sabiduría presente cuando se trazaba el círculo sobre el abismo; y el Salmo 33:6-7 declara que por la palabra de Yahvé fueron hechos los cielos y reunidas las aguas como en un montón.

Aplicación práctica. Si Dios sujeta el abismo con la facilidad de quien viste una prenda, también gobierna los caos que amenazan nuestra vida: la enfermedad, la incertidumbre, las aguas profundas de la angustia. El creyente halla descanso no en la ausencia de tormenta, sino en la certeza de que el Señor soberano contiene cada ola dentro de los límites de su voluntad buena. Adorar al Creador es confiar en que ningún poder desborda los decretos de aquel que sostiene el universo en Cristo.

Para reflexionar. ¿Qué «abismos» de mi vida estoy tratando de dominar con mis fuerzas, en lugar de descansar en el Dios que ya los tiene cubiertos como con un vestido?

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