Significado. Cuando Dios habla, la creación obedece: el Señor soberano envía plagas sobre Egipto como acto de juicio y de fidelidad a su pacto. Aquí vemos que ni los insectos más insignificantes escapan al gobierno providencial del Altísimo.

Contexto. El Salmo 105 es un himno histórico de alabanza, atribuido tradicionalmente a David y vinculado a la liturgia del pueblo de Israel (compárese con 1 Crónicas 16). Su propósito es recordar a los destinatarios —la congregación del pueblo del pacto— las maravillas de Dios desde Abraham hasta el éxodo. El versículo 31 forma parte de la sección que recapitula las plagas de Egipto, presentándolas no como desastres naturales fortuitos, sino como obras deliberadas del Dios que cumple su promesa de liberar a su pueblo.

Explicación. El texto dice: «Habló, y vinieron enjambres de moscas y piojos en todos sus términos». El verbo «habló» es teológicamente central: la palabra divina es eficaz y creadora, igual que en Génesis 1. Desde una lectura reformada, esto manifiesta la soberanía absoluta de Dios sobre toda la creación, incluso sobre las criaturas más diminutas, que se convierten en instrumentos de su providencia. Los términos «enjambres» y «piojos» señalan plagas que invadieron «todos sus términos», es decir, la totalidad del territorio egipcio; ningún rincón quedó fuera del alcance del juicio. Estas señales distinguían al pueblo del pacto del mundo idólatra, mostrando que el Señor reina sobre los falsos dioses de Egipto.

Referencias relacionadas. El relato original aparece en Éxodo 8:16-24. El paralelo poético se halla en el Salmo 78:45. La eficacia de la palabra divina resuena en el Salmo 33:9: «Él dijo, y fue hecho». La soberanía sobre la creación al servicio de la redención apunta finalmente a Cristo, por quien y para quien fueron creadas todas las cosas (Colosenses 1:16).

Aplicación práctica. Si Dios gobierna hasta los enjambres de moscas, nada en nuestra vida queda fuera de su control providencial. Esto consuela al creyente en medio de las adversidades: las pruebas que enfrentamos no son azar, sino instrumentos en las manos sabias de un Padre soberano que cumple sus promesas. Aprendamos a someternos confiadamente a su Palabra, sabiendo que toda la creación le obedece y que Él obra todo para el bien de los suyos.

Para reflexionar. Si el Señor ejerce dominio absoluto incluso sobre las criaturas más pequeñas, ¿qué áreas de mi vida sigo intentando controlar como si escaparan de su providencia?

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