Significado. Recordar las obras de Dios no es nostalgia piadosa, sino el ejercicio activo de la fe que halla en su fidelidad pasada la garantía de su gracia presente y futura.

Contexto. El Salmo 105 es un salmo histórico, atribuido en parte a David (cf. 1 Crónicas 16:8-22), compuesto para Israel como pueblo del pacto. Recorre la historia de la redención desde Abraham hasta la entrada en Canaán, exhortando a la congregación reunida en el culto a alabar a Jehová celebrando sus maravillas. El versículo 5 forma parte del llamado inicial a la adoración, dirigido a la simiente de Abraham, sus siervos escogidos.

Explicación. El texto exhorta: «Acordaos de las maravillas que él ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca». El verbo «acordaos» (en hebreo, zakar) no describe un mero recuerdo mental, sino una rememoración que conduce a la confesión y la obediencia. Las «maravillas» y «prodigios» señalan los actos redentores de Dios, soberanos e inmerecidos; los «juicios de su boca» recuerdan que su palabra gobierna la historia. Desde la perspectiva reformada, este recordar es respuesta a la gracia electiva: Dios escogió a Israel no por sus méritos, sino por su libre amor pactual, y la memoria de sus obras sostiene la perseverancia de los santos.

Referencias relacionadas. Compárese con Deuteronomio 8:2, donde Israel debe acordarse del camino por el que Dios lo condujo; con el Salmo 77:11-12, que medita en las obras antiguas del Señor; y con 1 Corintios 11:24-25, donde Cristo instituye la Cena como memorial. Las maravillas mayores apuntan a la cruz y resurrección de Jesús, cumplimiento de todo prodigio pactual.

Aplicación práctica. El creyente de hoy combate la incredulidad y el desánimo cultivando una memoria agradecida de lo que Dios ha hecho: en la Escritura, en la historia de la Iglesia y en su propia vida. Llevar un registro de las misericordias recibidas, participar fielmente de la Santa Cena y narrar a los hijos las obras del Señor son medios concretos para que la fe descanse en su soberana fidelidad.

Para reflexionar. ¿Qué maravillas y juicios de Dios necesito recordar hoy para que mi corazón vuelva a confiar plenamente en su soberanía y su gracia?

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