Significado. Cuando la maldad campea sin freno y los hombres viles son ensalzados, el creyente descansa en que la palabra del Señor permanece pura y su soberano cuidado guarda a los suyos.

Contexto. El Salmo 12 es atribuido a David y se sitúa entre los salmos de lamento individual y comunitario. El salmista clama en medio de una sociedad donde el piadoso parece desaparecer y abundan la mentira, la adulación y el doblez de corazón. La tradición textual presenta variantes en la numeración de los versículos; en muchas ediciones el contenido aquí señalado corresponde al cierre del salmo, donde David describe el ambiente que rodea al fiel: los inicuos pululan por todas partes mientras la vileza es exaltada entre los hijos de los hombres. Los destinatarios son el pueblo del pacto, asediado por la corrupción de su entorno.

Explicación. El verbo que describe a los impíos sugiere un andar circular, sin rumbo, que llena el espacio como plaga. La frase «cuando la vileza es exaltada» señala una inversión moral: lo que debería avergonzar se aplaude públicamente. Desde la perspectiva reformada, este versículo no concede la última palabra al mal aparente. El contraste con los versículos previos es deliberado: las palabras del Señor son «plata refinada siete veces», mientras las palabras humanas son vanas. La soberanía de Dios no se mide por las apariencias presentes, sino por su promesa inquebrantable de levantarse a favor del afligido. La preservación de los santos no depende de la decencia del mundo, sino del decreto de Aquel que guarda a los suyos.

Referencias relacionadas. Compárese con el Salmo 11:3, donde los fundamentos son destruidos; con Isaías 5:20, que denuncia llamar bueno a lo malo; con 2 Timoteo 3:1-5 sobre los tiempos peligrosos; y con Mateo 24:12, donde por multiplicarse la maldad el amor de muchos se enfría. El versículo anterior (12:7) sostiene la confianza: «Tú, Jehová, los guardarás».

Aplicación práctica. El creyente de hoy vive rodeado de una cultura que con frecuencia celebra lo vil y desprecia la santidad. No debe sorprenderse ni desanimarse como si algo extraño le aconteciera. La respuesta no es la queja amarga ni la huida, sino el clamor confiado y la fidelidad perseverante, descansando en que Dios preserva a su iglesia y atesora su Palabra por encima de toda corrupción pasajera.

Para reflexionar. ¿Pongo mi confianza en la mejora visible del mundo, o en la promesa inquebrantable del Dios soberano que guarda a los suyos?

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