Significado. Cuando el Rey ungido prevalece, la oposición que se levanta contra el Señor y su Cristo es desarraigada por completo, pues «ningún consejo hay contra Jehová».

Contexto. El Salmo 21 se atribuye a David y forma pareja con el Salmo 20: allí la congregación oraba por el rey antes de la batalla; aquí celebra la respuesta de Dios tras la victoria. Dirigido al pueblo del pacto que adoraba en el santuario, el salmo exalta a Jehová como el verdadero autor del triunfo del monarca. Los versículos 8 al 12 describen el juicio que la mano del Rey, sostenida por Dios, ejecuta sobre sus enemigos.

Explicación. El versículo declara que el fruto de los adversarios será destruido «de la tierra» y su simiente «de entre los hijos de los hombres». La expresión hebrea apunta a la extinción de toda posteridad: no quedará linaje que perpetúe la enemistad contra Dios. Para la lectura reformada esto no es venganza arbitraria, sino la ejecución de la justicia soberana del Juez de toda la tierra, que cumple su decreto eterno. La permanencia o el desarraigo de una descendencia están en las manos de Aquel que «hace según su voluntad en el ejército del cielo y en los habitantes de la tierra». Leído cristológicamente, el Rey davídico prefigura a Cristo, cuyo reino quebranta finalmente a toda potestad rebelde.

Referencias relacionadas. El lenguaje del fruto y la simiente resuena con la promesa de Génesis 3:15, donde la simiente de la serpiente es vencida. Compárese con el Salmo 2:9, donde el Hijo quebranta a las naciones, y con Malaquías 4:1, que anuncia que el día venidero no dejará «ni raíz ni rama» a los soberbios. Apocalipsis 19:11-15 muestra al Rey fiel ejecutando ese juicio definitivo.

Aplicación práctica. Este versículo severo consuela al creyente: ninguna conspiración contra el Señor y su pueblo tendrá futuro, porque su derrota está decretada. Antes que alimentar rencor personal, el cristiano descansa en la justicia de Dios, deja la retribución en sus manos y se examina a sí mismo, recordando que solo en Cristo dejamos de estar entre los enemigos del Rey para ser hechos hijos por gracia.

Para reflexionar. ¿Confío de veras en que Dios juzgará con perfecta justicia, o pretendo tomar en mis manos la retribución que solo a él pertenece?

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