Significado. La intimidad con Dios no es un derecho que el hombre conquista, sino un don que el Señor concede a quienes Él enseña a temerle. «El secreto de Jehová es para los que le temen».

Contexto. El Salmo 25 es atribuido a David y compuesto como una oración acróstica, donde cada verso comienza con una letra sucesiva del alfabeto hebreo. En medio de enemigos, culpas pasadas y angustias del alma, David clama por dirección, perdón y comunión. El versículo 14 corona la sección donde el salmista ha descrito al hombre que teme a Jehová como aquel a quien Dios mismo instruye en el camino. El destinatario original es el pueblo del pacto, pero la verdad alcanza a toda la iglesia de Cristo.

Explicación. El término traducido como «secreto» (en hebreo «sod») evoca el consejo íntimo, la confidencia que se comparte entre amigos cercanos, e incluso la comunión de un concilio. No se trata de conocimiento esotérico, sino de la cercanía pactual que Dios ofrece a los suyos. El «temor de Jehová» no es terror servil, sino reverencia filial nacida de la gracia regeneradora; es fruto del Espíritu, no logro de la carne. La segunda línea lo confirma: «y a ellos hará conocer su pacto». La iniciativa es enteramente divina: Dios revela, Dios enseña, Dios da a conocer. Desde la perspectiva reformada, aquí brilla la soberanía de la gracia: el que teme a Dios ya ha sido alcanzado por Él, y la comunión es señal del pacto eterno establecido en Cristo.

Referencias relacionadas. Génesis 18:17 muestra a Dios revelando su consejo a Abraham, su amigo. Juan 15:15 lleva la promesa a su plenitud: «os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer». Proverbios 3:32 declara que «su comunión íntima es con los justos», y Amós 3:7 afirma que Dios no hace nada sin revelar su secreto a sus siervos. Efesios 1:9 anuncia el misterio de su voluntad revelado en Cristo.

Aplicación práctica. Esta promesa invita al creyente a cultivar una vida de reverencia y cercanía con Dios, sabiendo que la comunión profunda no se alcanza por mérito ni por técnica, sino por la gracia que produce un corazón temeroso del Señor. Cuando atravesamos confusión o angustia, como David, no debemos buscar atajos, sino acercarnos al Dios del pacto que promete dar a conocer su voluntad a quienes le temen. La oración, la meditación en la Palabra y la obediencia son los medios ordinarios por los cuales gozamos de esa amistad.

Para reflexionar. ¿Vives la fe como un mero cumplimiento de deberes, o anhelas la comunión íntima que el Señor promete a quienes le temen con reverencia filial?

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