Salmo 35:21
Significado. Los enemigos abren su boca contra el justo y se regocijan en una falsa victoria, pero su jactancia se estrella contra la soberanía de Dios, que ve y juzga toda calumnia.
Contexto. El Salmo 35 es atribuido a David, uno de los llamados «salmos imprecatorios», donde el ungido del Señor clama por justicia frente a sus perseguidores. Escrito probablemente durante el acoso de Saúl o de adversarios traicioneros, David, lejos de vengarse por su propia mano, lleva su causa ante el tribunal celestial. El versículo 21 retrata el momento en que los enemigos celebran prematuramente la caída del siervo de Dios.
Explicación. «Ensancharon contra mí su boca» describe la insolencia desbordada del impío; «dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!» es el grito de quien se cree testigo del fracaso del justo. El verbo hebreo traducido como «¡Ea!» (he'ah) expresa burla y satisfacción maligna. Desde la perspectiva reformada, este versículo manifiesta la enemistad radical del corazón caído contra los elegidos de Dios (Génesis 3:15); sin embargo, la jactancia humana jamás escapa al decreto soberano del Altísimo. Lo que los enemigos celebran como «visto» con sus ojos, Dios lo contempla con ojos de juez justo, y nada queda fuera de su providencia rectora.
Referencias relacionadas. La boca ensanchada del enemigo halla eco en Lamentaciones 2:16 y en el Salmo 22:13, donde los adversarios rodean al sufriente «como leones». El «¡Ea, ea!» burlón anticipa proféticamente la mofa ante la cruz de Cristo (Marcos 15:29-32), el Justo por excelencia. La confianza de David en el juicio divino resuena en Romanos 12:19: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor».
Aplicación práctica. El creyente que sufre calumnia o burla por causa de la fe no necesita defenderse con las armas del mundo. Como David, y supremamente como nuestro Salvador, podemos encomendar nuestra causa «al que juzga justamente» (1 Pedro 2:23). La jactancia de los impíos es ruidosa pero pasajera; la vindicación de Dios es segura y eterna. Descansemos en su soberanía cuando otros se regocijen en nuestra aparente derrota.
Para reflexionar. Cuando otros se burlan de tu fe o celebran tus tropiezos, ¿buscas vengarte por tu propia mano o entregas tu causa al Dios que todo lo ve y juzga con perfecta justicia?