Significado. El creyente, acosado injustamente, clama a su Dios soberano para que se levante y actúe como juez fiel de su causa. Es la oración de quien descansa en la justicia divina, no en la propia.

Contexto. El Salmo 35 es un salmo de David, ubicado entre las súplicas conocidas como lamentos imprecatorios. David, perseguido sin causa por enemigos que devuelven mal por bien, suplica a Dios que defienda su honor y su vida. Dirigido originalmente al pueblo del pacto, este clamor expresa la confianza del justo afligido que apela al tribunal celestial en lugar de tomar venganza por su mano.

Explicación. Las expresiones «despiértate» y «levántate» no insinúan que Dios duerma o sea indiferente; son lenguaje antropomórfico que traduce la urgencia del alma que ansía ver manifestada la justicia divina en su tiempo. David apela a Dios como «mi Dios y Señor mío», títulos del pacto que sostienen toda la oración: el Soberano que reina no abandona a los suyos. La frase «atiende a mi juicio, a mi causa» revela que el creyente no busca venganza personal, sino que somete su pleito al Juez justo. Desde la perspectiva reformada, esto manifiesta la soberanía de Dios sobre la historia y la providencia que ordena aun la injusticia para los fines de su gloria y el bien de sus escogidos.

Referencias relacionadas. El clamor «despiértate» resuena en el Salmo 44:23 y se cumple plenamente en Cristo, quien dormía en la barca mientras gobernaba la tempestad (Marcos 4:38-39). Pablo enseña que la venganza pertenece al Señor (Romanos 12:19), y Pedro presenta a Cristo, injustamente afligido, encomendándose «al que juzga justamente» (1 Pedro 2:23). El Juez justo de toda la tierra siempre hace lo recto (Génesis 18:25).

Aplicación práctica. Cuando seamos calumniados o tratados con injusticia, no debemos tomar la justicia en nuestras manos ni hundirnos en la amargura. Imitemos a David llevando nuestra causa al Dios soberano, confiando en que su demora nunca es negligencia. La paciencia del creyente reposa en la certeza de que el Señor defenderá a los suyos a su debido tiempo, como lo hizo de modo supremo al vindicar a Cristo en la resurrección.

Para reflexionar. ¿Estás depositando tu causa en las manos del Juez justo, o todavía intentas vindicarte por tus propios medios?

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