Salmo 35:25
Significado. El salmista clama para que sus enemigos no triunfen ni saboreen el placer de haberlo devorado; es la oración del justo que confía en que Dios mismo defenderá la causa de los suyos.
Contexto. El Salmo 35 es atribuido a David, dentro del primer libro del Salterio. Pertenece al género de las súplicas o lamentos individuales, donde el ungido del Señor, acosado por adversarios traicioneros que devuelven mal por bien, apela al gran Juez de toda la tierra. El destinatario inmediato es el pueblo del pacto, que en estas palabras aprende a llevar sus agravios delante de Dios y no a tomar venganza por su propia mano.
Explicación. La frase «¡Ea, así lo queríamos!» (en hebreo, he'ach nafshenu, literalmente «ah, nuestra alma») expresa la satisfacción cruel del enemigo que se relame ante la caída del justo. David ora para que ese grito jamás llegue a sus labios. La segunda línea, «Lo hemos devorado», revela la intención homicida de quienes lo rodean. Desde una lectura reformada, el versículo descansa sobre la soberanía absoluta de Dios como vindicador: el creyente no reclama el derecho de retribuir, sino que entrega el juicio a Aquel que gobierna todo desenlace. Aquí se anticipa también al Cristo perseguido, el Justo por excelencia, contra quien los impíos dijeron «crucifícale», pero a quien el Padre exaltó, frustrando para siempre el «así lo queríamos» de sus enemigos.
Referencias relacionadas. Salmos 35:21 amplía el mismo grito burlón; Salmos 40:15 y 70:3 repiten la fórmula «ea, ea». La entrega del juicio a Dios resuena en Deuteronomio 32:35 y Romanos 12:19, «mía es la venganza». La figura del Justo perseguido y vindicado se cumple en Lucas 23:35 y Filipenses 2:9-11.
Aplicación práctica. Cuando seamos calumniados o vistos con desprecio por quienes desean nuestra ruina, este salmo nos enseña a no devolver mal por mal, sino a depositar nuestra causa en las manos del Dios soberano. La fe descansa sabiendo que ningún enemigo tendrá la última palabra sobre el hijo de Dios; el «así lo queríamos» del mundo se estrella contra el decreto eterno de quien ama a los suyos hasta el fin.
Para reflexionar. ¿Estás confiando la defensa de tu honra y tu causa al Dios que juzga con justicia, o todavía buscas vindicarte por tus propias fuerzas?