Significado. El creyente acosado no clama a un poder cualquiera, sino al «Dios Altísimo» que lleva a término su propósito soberano a favor de los suyos. La fe descansa no en circunstancias cambiantes, sino en el Dios que cumple lo que ha decretado.

Contexto. El Salmo 57 es atribuido a David, según el encabezado, «cuando huía de delante de Saúl, en la cueva». Es un salmo de lamento que se transforma en alabanza, escrito por un rey ungido pero todavía perseguido, escondido en la oscuridad mientras espera el cumplimiento de la promesa divina. Habla a todo el pueblo de Dios que clama desde la estrechez confiando en la fidelidad pactual del Señor.

Explicación. El versículo dice: «Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece». El título «Altísimo» (en hebreo, «Elyón») subraya la trascendencia y el señorío absoluto de Dios sobre toda potencia humana, incluido Saúl. La frase «que me favorece» traduce mejor «que todo lo hace por mí» o «que cumple su propósito en mí», acentuando que Dios no solo escucha, sino que ejecuta eficazmente su designio. Desde una lectura reformada, esto revela la soberanía divina obrando providencialmente: el Altísimo gobierna cada circunstancia para el bien de los elegidos, y su decreto eterno no puede frustrarse. El clamor de David no es un intento de mover a un Dios indiferente, sino la respuesta de la fe a un Dios que ya ha resuelto salvar.

Referencias relacionadas. Compárese con el Salmo 138:8, «Jehová cumplirá su propósito en mí», y con Filipenses 1:6, «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará». Romanos 8:28 declara que todas las cosas obran para bien de los llamados conforme a su propósito. Génesis 14:18-20 presenta a Melquisedec como sacerdote del «Dios Altísimo», anticipando a Cristo, sumo sacerdote y rey verdadero.

Aplicación práctica. Cuando la adversidad nos arrincona como una cueva, la fe no mira el tamaño del enemigo sino la grandeza del Altísimo. Orar no es informar a Dios de nuestra crisis, sino apoyarnos en su propósito ya firme. El cristiano puede clamar con confianza porque el mismo Dios que lo eligió en Cristo lleva su salvación hasta el fin, sin dejar inconcluso lo que su gracia comenzó.

Para reflexionar. ¿Clamas a Dios como a uno que tal vez te ayude, o como al Altísimo que ya ha resuelto cumplir su propósito de gracia en ti?

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