Salmo 69:30
Significado. En medio del sufrimiento más amargo, el creyente vuelve sus ojos a Dios y resuelve alabarle; la gratitud no espera a que cesen las pruebas, sino que brota de la fe que confía en la soberanía divina.
Contexto. El Salmo 69 es atribuido a David y pertenece al género de los lamentos individuales. El salmista se halla rodeado de enemigos, hundido en aguas profundas, aborrecido sin causa y consumido por el celo de la casa de Dios. Tras un extenso clamor de angustia (versículos 1-29), el tono cambia abruptamente: en el versículo 30 el salmista pasa de la súplica a la alabanza anticipada. Israel, como pueblo del pacto, recibía estos cantos para enseñarle a orar tanto en la desesperación como en la esperanza.
Explicación. «Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, lo exaltaré con alabanza.» El verbo hebreo «halal», alabar, y «gadal», engrandecer o magnificar, expresan una adoración que reconoce la grandeza de Dios. Es notable que esta resolución de alabar surja antes de la liberación visible: la fe reformada subraya que tal disposición no nace del mérito ni del optimismo humano, sino de la gracia soberana que sostiene al elegido en la prueba. El salmista no engrandece a Dios porque ya recibió respuesta, sino porque sabe quién es Dios. Aquí se manifiesta el principio de que la alabanza es el fin último para el cual fuimos creados, anterior incluso al beneficio recibido.
Referencias relacionadas. El Salmo 69 es profundamente cristológico: Juan 2:17 aplica a Cristo el celo por la casa de Dios (v. 9), y los Evangelios ven en el vinagre ofrecido (v. 21) el sufrimiento del Salvador en la cruz. Así, el cántico de alabanza del v. 30 halla su cumplimiento perfecto en Cristo, quien en medio del padecimiento confió en el Padre (Hebreos 2:12; Mateo 26:30). Compárese también con Salmos 50:23 y Salmos 22:22-24, donde la alabanza sigue al clamor del justo afligido.
Aplicación práctica. El cristiano de hoy aprende que la adoración no depende de las circunstancias favorables. Cuando llegan la enfermedad, la pérdida o la oposición, el corazón redimido puede aún engrandecer a Dios, porque su soberanía no falla y sus propósitos para los suyos son siempre buenos. Alabar en la oscuridad es un acto de fe que predica al alma la fidelidad del Señor y desplaza la ansiedad. Cultivemos el hábito de la gratitud incluso antes de ver la respuesta a nuestras oraciones.
Para reflexionar. ¿Esperas a que Dios resuelva tus aflicciones para alabarle, o tu fe te lleva a engrandecer su nombre aun en medio de la prueba?