Salmo 70:3
Significado. El salmista pide que la vergüenza de los burladores recaiga sobre ellos mismos, confiando en que Dios, soberano juez, no permitirá que la mofa contra sus siervos quede impune.
Contexto. El Salmo 70 lleva el título «Al músico principal. Salmo de David, para conmemorar». Es casi idéntico a la parte final del Salmo 40 y constituye una oración urgente del rey perseguido, rodeado de enemigos que buscaban su ruina. David, ungido por Dios y figura del Mesías venidero, clama en medio de la aflicción, dirigiéndose a un pueblo creyente que también padecía el desprecio de los impíos y necesitaba aprender a depositar su causa en manos del Señor.
Explicación. El versículo dice: «Sean vueltos atrás, en pago de su afrenta hecha, los que dicen: ¡Ah! ¡ah!». La expresión «¡Ah! ¡ah!» traduce una interjección hebrea de burla y desprecio, el sonido del que se regocija en la desgracia ajena. David no pide venganza personal, sino que la justicia divina obre: que la afrenta vuelva sobre quienes la profieren. Desde una lectura reformada, esto no es rencor humano, sino sumisión a la soberanía de Dios como vengador justo; el creyente entrega el juicio a Aquel que dice «mía es la venganza». La oración imprecatoria reconoce que oponerse al ungido del Señor es oponerse al Señor mismo, y que la gloria de Dios exige la derrota del orgullo impío.
Referencias relacionadas. El paralelo directo está en Salmos 40:14-15. La confianza en Dios como juez aparece en Deuteronomio 32:35 y Romanos 12:19. El escarnio contra el justo halla su cumplimiento supremo en Cristo, escarnecido en la cruz (Mateo 27:39-43), y su reivindicación en la resurrección (Filipenses 2:9-11).
Aplicación práctica. Cuando seamos objeto de burla por causa de nuestra fe, no debemos devolver afrenta por afrenta ni tomar la justicia en nuestras manos. El ejemplo de David, y sobre todo el de Cristo «que cuando padecía no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente», nos enseña a llevar el agravio ante el trono de la gracia. Descansemos en que el Dios soberano vindicará a los suyos a su tiempo.
Para reflexionar. ¿Estoy verdaderamente entregando a Dios el juicio sobre quienes me ofenden, o sigo aferrado al deseo de vengarme por mí mismo?