Significado. La boca del creyente, llena de la alabanza y la gloria de Dios todo el día, es la respuesta natural del corazón que ha conocido la fidelidad soberana del Señor desde la juventud hasta la vejez.

Contexto. El Salmo 71 es la oración de un anciano, atribuido tradicionalmente a David en sus últimos años, aunque sin título en el texto hebreo. Recoge ecos de salmos anteriores (especialmente el 31 y el 22) y se dirige a Dios en medio de la amenaza de enemigos que aprovechan la debilidad de la edad. El salmista, destinatario y a la vez modelo del pueblo del pacto, repasa toda su vida como testimonio de la gracia que lo ha sostenido desde el vientre materno.

Explicación. El versículo declara: «Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día». El verbo hebreo «male» (llenar) sugiere abundancia que rebosa; no hay espacio para la murmuración ni la queja, porque el corazón redimido desborda en «tehilá» (alabanza). La expresión «todo el día» señala una alabanza constante, no ocasional ni dependiente de las circunstancias. Desde la perspectiva reformada, esto no es mérito humano sino fruto de la gracia: Dios mismo obra en el creyente tanto el querer como el hacer. La gloria («tiféret», esplendor) que llena la boca no es la del salmista, sino la del Dios soberano cuya fidelidad pactual no falla. Aquí late el primer fin del hombre según el Catecismo de Westminster: glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.

Referencias relacionadas. Conecta con Salmos 35:28 («mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día») y con Salmos 145:1-2, donde la bendición diaria se vuelve perpetua. Efesios 5:18-20 traslada este desbordamiento al ámbito del Espíritu, que llena al creyente para cantar. Hebreos 13:15 lo presenta como «sacrificio de alabanza» ofrecido por medio de Cristo, nuestro sumo sacerdote, quien santifica nuestra adoración imperfecta.

Aplicación práctica. La vida del cristiano debe estar marcada por una gratitud que no se apaga con los años ni con las pruebas. Cuando las fuerzas declinan y los enemigos acechan, la respuesta del corazón regenerado no es el silencio amargo, sino la boca llena de alabanza. Cultivemos el hábito de reconocer la gloria de Dios en lo cotidiano, confiando en que quien nos sostuvo ayer no nos abandonará mañana.

Para reflexionar. ¿Está tu boca más llena de quejas por lo que falta o de alabanza por la gloria del Dios que te ha sostenido fielmente todos tus días?

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