Significado. «¿Podrá Dios preparar mesa en el desierto?» es la pregunta de un corazón incrédulo que mide al Todopoderoso por la estrechez de sus propias circunstancias. Israel desafió la bondad de Dios olvidando sus obras.

Contexto. El Salmo 78 es un maskil de Asaf, salmista y vidente del tiempo de David, compuesto para instruir a las generaciones venideras. Recorre la historia redentora desde el éxodo hasta la elección de David, contrastando la fidelidad pactual de Dios con la rebeldía persistente del pueblo. En este versículo Asaf recuerda cómo, ya rescatados de Egipto y guiados por la nube, los israelitas «hablaron contra Dios» en el desierto, dudando de su capacidad para sustentarlos.

Explicación. El verbo «hablaron contra» traduce el hebreo «dibberú be-Elohim», un murmurar que es, en el fondo, un juicio sobre el carácter divino. La pregunta «¿podrá Dios?» no nace de ignorancia sino de un corazón endurecido que ya había visto las diez plagas y el mar partido. Aquí la teología reformada discierne la raíz noética del pecado: la incredulidad no es mero déficit de información, sino corrupción de la voluntad que limita al Santo según la carne (Salmos 78:41). La soberanía de Dios queda contrastada con la desconfianza humana; sin embargo, la providencia que sostiene incluso al pueblo rebelde manifiesta su paciencia y su gracia preservadora.

Referencias relacionadas. El episodio remite a Éxodo 16 y Números 11, donde Dios responde con el maná y las codornices. La incredulidad aquí denunciada reaparece en Hebreos 3:7-19 como advertencia a la iglesia. Cristo mismo, el verdadero Israel, fue probado en el desierto y confesó «no solo de pan vivirá el hombre» (Mateo 4:4), respondiendo con fe donde el pueblo respondió con queja. La «mesa en el desierto» anticipa la mesa que el Señor prepara delante de nosotros (Salmos 23:5) y la cena del Cordero.

Aplicación práctica. Nuestros desiertos —pérdidas, esperas, escaseces— exponen lo que de veras creemos acerca de Dios. La tentación es razonar desde lo que vemos y preguntar «¿podrá Dios?», como si su poder dependiera de nuestras provisiones. El creyente reformado recuerda que el mismo Dios que entregó a su Hijo no nos negará con él todas las cosas (Romanos 8:32). Cultivemos la memoria agradecida de sus obras pasadas como antídoto contra la incredulidad presente.

Para reflexionar. ¿En qué área de tu vida estás midiendo a Dios por la estrechez de tus circunstancias en lugar de descansar en la suficiencia probada de su gracia?

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