Salmo 78:43
Significado. Recordar las «señales» de Dios en Egipto es confesar que el mismo Señor soberano que juzgó a sus enemigos guarda con poder a su pueblo. La memoria de sus obras es alimento de la fe.
Contexto. El Salmo 78 es un «masquil» atribuido a Asaf, cantor levítico del tiempo de David, compuesto como salmo didáctico para Israel. Su propósito es transmitir a las generaciones venideras la historia de los tratos de Dios con su pueblo, mostrando el contraste entre la fidelidad pactual del Señor y la incredulidad reincidente de Israel. En el versículo 43, Asaf comienza a recordar el éxodo, evocando concretamente las plagas con que Dios hirió a Egipto para liberar a su pueblo de la esclavitud.
Explicación. El texto dice que el pueblo «no se acordó» de cómo el Señor «puso sus señales en Egipto, y sus maravillas en el campo de Zoán». Las «señales» (en hebreo, otot) y «maravillas» (mofetim) son las plagas: actos públicos del poder divino que revelan tanto su juicio como su gracia redentora. Zoán (Tanis) era una antigua ciudad real del delta, símbolo del orgullo de Egipto. Desde una lectura reformada, estas señales manifiestan la absoluta soberanía de Dios sobre las naciones y sobre la creación: Él endurece y libera según su propósito eterno (Romanos 9:17). El reproche de Asaf no es meramente moral sino pactual: olvidar las obras de Dios es el primer paso de la apostasía del corazón no regenerado.
Referencias relacionadas. El relato de las plagas se halla en Éxodo 7—12, y la mención de Zoán reaparece en el versículo 12 de este mismo salmo y en Números 13:22. La soberanía de Dios en endurecer a Faraón se desarrolla en Romanos 9:14-18. La exhortación a recordar las obras del Señor recorre Deuteronomio 6:12 y Salmos 105:27-36, que también canta estas maravillas.
Aplicación práctica. El olvido espiritual sigue siendo nuestra amenaza más sutil. Como Israel, el creyente tiende a perder de vista las «señales» de la gracia recibida: la cruz, la conversión, las providencias diarias. La disciplina de recordar —en la mesa del Señor, en la lectura de la Palabra, en la oración agradecida— fortalece la perseverancia que el Espíritu obra en los elegidos. Cuenta a tus hijos lo que Dios ha hecho, para que la fe se transmita de generación en generación.
Para reflexionar. ¿Qué «señales» concretas de la fidelidad de Dios en tu vida corres el riesgo de olvidar, y cómo puedes cultivar hoy una memoria agradecida que sostenga tu fe?