Salmo 78:51
Significado. Dios hirió a los primogénitos de Egipto: el golpe final reveló que el orgullo de toda nación que resiste a su pueblo está bajo el juicio soberano del Señor.
Contexto. El Salmo 78 es un masquil atribuido a Asaf, cantor levita del tiempo de David. Es un salmo didáctico que recorre la historia de Israel desde el éxodo hasta la elección de David, para enseñar a una nueva generación a no olvidar las obras de Dios ni endurecerse como los padres. El versículo 51 forma parte del recuerdo de las plagas de Egipto, culminando con la muerte de los primogénitos, la décima y decisiva plaga relatada en Éxodo 12.
Explicación. El texto dice que Dios «hirió a todo primogénito en Egipto, las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam». La expresión «primicias de su fuerza» (en hebreo, reshít onim) designa al primogénito como la flor del vigor reproductivo del padre, su gloria y esperanza de continuidad. «Las tiendas de Cam» alude a Egipto como descendiente de Cam, hijo de Noé. Desde la perspectiva reformada, el verbo «hirió» tiene como sujeto a Dios mismo: no es el azar ni una fuerza impersonal, sino la mano soberana del Señor ejecutando juicio. Aquí brilla la doctrina de la justicia retributiva: Faraón había ordenado matar a los hijos varones de Israel (Éxodo 1:22), y Dios responde golpeando a los primogénitos de Egipto. El Señor, que «hace según su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra» (Daniel 4:35), demuestra que ninguna potencia humana puede frustrar su propósito redentor para con su pueblo escogido.
Referencias relacionadas. El relato base está en Éxodo 12:29-30. La distinción entre el primogénito de Egipto y la protección de Israel mediante la sangre del cordero (Éxodo 12:13) anticipa al Cordero pascual, Cristo (1 Corintios 5:7; Juan 1:29). La condición de Israel como «primogénito» de Dios (Éxodo 4:22) contrasta con el juicio sobre Egipto, y halla cumplimiento en Cristo, «el primogénito entre muchos hermanos» (Romanos 8:29; Colosenses 1:15). El tema del juicio soberano resuena en Romanos 9:17.
Aplicación práctica. Este versículo nos recuerda que Dios no es indiferente ante la opresión de los suyos ni ante el pecado de los poderosos. En un mundo que confía en su propia fuerza, conviene recordar que «las primicias» del vigor humano son frágiles ante Aquel que reina. El creyente halla consuelo: el mismo Dios que juzgó a Egipto guardó a su pueblo bajo la sangre del cordero. Por la fe en Cristo, nuestro Cordero pascual, el juicio ha pasado de nosotros, y vivimos con gratitud y temor reverente.
Para reflexionar. ¿Estoy descansando en la sangre del Cordero, o todavía confío en las «primicias de mi propia fuerza» para hallar seguridad delante de Dios?