Significado. El trono de Dios no descansa sobre el poder arbitrario, sino sobre la justicia y el juicio; y delante de su rostro avanzan, como heraldos, la misericordia y la verdad. Aquí late el corazón del gobierno soberano de Dios.

Contexto. El Salmo 89 se atribuye a Etán ezraíta y pertenece al tercer libro del Salterio. Es un cántico que celebra el pacto con David (vv. 3-4) en medio de una crisis nacional aparente, cuando la dinastía parece quebrantada. El salmista, antes de lamentar, fundamenta su esperanza en el carácter inmutable de Dios y en la firmeza del trono celestial, del cual el trono davídico es sombra y promesa.

Explicación. El versículo nombra cuatro atributos como pilares del reino divino. «Justicia» (tsedeq) y «juicio» (mishpat) son el «fundamento» o cimiento del trono: Dios gobierna conforme a su recta naturaleza, jamás contra ella. «Misericordia» (jésed, su amor leal de pacto) y «verdad» (emet, su fidelidad) «van delante» de su faz, anunciando cómo se acerca a su pueblo. La teología reformada ve aquí que la soberanía de Dios nunca es despótica: su voluntad y su santidad son una sola. En la cruz, justicia y misericordia se besan (cf. Sal 85:10), pues Cristo satisface el juicio y libera el jésed hacia los elegidos.

Referencias relacionadas. Compárese con Salmos 97:2, donde justicia y juicio son también el cimiento del trono. El abrazo de los atributos se anuncia en Salmos 85:10 y se cumple en Romanos 3:25-26, donde Dios es «justo y justificador». El jésed que va delante resuena en Éxodo 34:6-7 y halla su plenitud en Juan 1:14, «lleno de gracia y de verdad».

Aplicación práctica. Cuando el creyente contempla un mundo que parece regido por el azar o la injusticia, este versículo lo ancla: el universo no está gobernado por capricho, sino por un Dios cuyo trono se sostiene en justicia. Podemos confiar nuestras causas a quien nunca separa su poder de su bondad. Y como su misericordia y verdad van delante de Él, el pecador arrepentido no halla un Juez frío, sino a Cristo que vino primero con gracia.

Para reflexionar. ¿Descansa tu confianza en un Dios cuyo gobierno une, sin contradicción, su justicia perfecta y su misericordia fiel hacia los suyos?

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