Intensificó el horror de la séptima plaga de Egipto (Ex. 9:23).

El trueno era muy infrecuente en Palestina durante la estación seca; el que se oyó después de la oración de Samuel fue una señal (1 S. 12:17).

En heb. es «kol», «voz», «sonido». Los profetas hacen de él en ocasiones el símbolo de la voz de Jehová (Jb. 37:2-5; 40:4; Sal. 29:3-9; Jb. 28:26).

Acompañó a la manifestación aterradora de la presencia de Dios en Sinaí (Éx. 19:16; cfr. Ap. 4:5); simboliza también el juicio divino (1 S. 2:10; 2 S. 22:14,15; Sal. 77:18).


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