Circuncidar. Los hebreos estiman la circuncisión como una marca de su mayor gloria. Todos los que no lo tenían eran considerados profanos. Llaman incircuncisos a los oídos, la mente y el corazón, cuando no quieren oír, entender u obedecer la ley de Dios. San Pablo (Romanos ii. 28) inculca con frecuencia esta circuncisión interior, a la que alude Moisés en estas últimas exhortaciones, cap. xxx. 6. La gente no había practicado regularmente la circuncisión en el desierto.

Moisés se encarga de elevar sus pensamientos hacia algo más espiritual; y declara, en términos más claros que los que había hecho hasta ahora, la necesidad de amar a Dios. Todo debe ser desterrado del corazón que pueda resistir este amor. (Calmet) --- La vanidad, la ceguera, el lujo, hay que desprenderse. (Menochius)

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