Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a comprender, aplicándote más fervientemente a la solución de los problemas y a castigarte ante tu Dios, con la debida humillación de tu mente, tus palabras fueron escuchadas, y yo he venido por Tus palabras, como consecuencia de la oración que había llegado a la atención de Dios. El Señor siempre escucha todas las oraciones de los que creen en Él, aunque a veces puede demorar Su respuesta o darla de una manera diferente a la que esperan Sus hijos.

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