Bienaventurada tú, oh tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, no tanto por nacimiento, como por sabiduría y virtud, y tus príncipes comen a su debido tiempo, en el momento adecuado y de la manera adecuada, para obtener fuerza y ​​no por embriaguez, en banquetes destemplados, en los que la mente se embota y el cuerpo se corrompe.

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