Y sucedió que después de siete días las aguas del Diluvio estaban sobre la tierra. Exactamente de acuerdo con la predicción de Dios, en el séptimo día después de Su mandato final a Noé, el Diluvio vino sobre la tierra. Las promesas de Dios, ya sean de bendición o de castigo, nunca pueden dejar de cumplirse. Es parte de la verdadera sabiduría de los creyentes confiar implícitamente en Su Palabra.

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