v. 1. ¡Ojalá rasgases los cielos! Así ruega ahora el suplicante al Señor que desciendas, estallando para ejecutar la venganza, descendiendo repentinamente sobre los enemigos de tu pueblo, para que los montes fluyan ante tu presencia, la más poderosa de sus criaturas siendo vencida por la revelación de su majestad,

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