En este breve capítulo tenemos el relato más solemne de la comunión entre Jehová y Su siervo Moisés. El faraón finalmente había rechazado a Dios, y ahora Dios finalmente había rechazado al faraón. Jehová ahora anunció que Él mismo vendría con el golpe real del castigo final. Había enviado sus mensajeros, Moisés y Aarón, y sus ministros, sangre, ranas y piojos; moscas y murrain y forúnculos; granizo, langostas y tinieblas.

Había esperado pacientemente el efecto de las plagas, dando tiempo a que el faraón se arrepintiera y se arrepintiera, todo sin producir ningún efecto más que una oposición decidida, voluntaria e insolente. El tiempo del remedio había pasado y ahora, como ángel vengador, Él mismo pasaría por la tierra. En esta hora de comunión, la determinación final de Jehová fue indicada a Moisés, y por él al pueblo hebreo, a fin de prepararse para su partida de acuerdo con la voluntad y el reclamo de Dios.

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