Aquí se ve a Jacob exiliado de su hogar, volando desde Beersheba. A este respecto, tenemos el relato de la primera de las comunicaciones divinas directas con él. Cansado y cansado, llegó a Luz y durante un sueño tuvo una visión que sugería comunicación entre el cielo y la tierra. Sin embargo, lo que impresionó a Jacob no parece haber sido esa parte de la visión, sino el hecho de que Jehová estaba allí en ese lugar distante y que le habló.

Al despertar, Jacob declaró su nueva conciencia de la presencia de Dios. No es de extrañar que tal revelación lo llenara de una sensación de asombro cuando gritó: "Cuán terrible es este lugar".

A la mañana siguiente mostró las dos caras de su naturaleza. Su profunda convicción religiosa y su fe fueron indicadas por la erección de una piedra y el nombre del lugar Beth-el, la Casa de Dios. Su inquieta actividad se manifestó en el espíritu negociador con el que se expresó. En la visión de la noche Dios le había prometido estar con él y ahora dice que si eso es así, le dará la décima parte de todo lo que posee a Dios.

Eso es fe pero a bajo nivel. Sin embargo, no cabe duda de que el recuerdo de la visión de medianoche permaneció con él durante todos los días siguientes. Es evidente que por esta aparición fue arrestado y el espíritu de su venida a la casa de Labán cambió.

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