A medida que se acercaba el momento de la muerte de Josué, reunió a la gente dos veces y les entregó sus mensajes de despedida.

El primero de ellos se incluye en este capítulo. Su carga era del poder y la fidelidad de Dios, con la declaración de un ferviente deseo por la fidelidad de su pueblo hacia él.

Sus referencias a sí mismo fueron muy breves, siendo las principales: "Soy viejo y estoy muy enfermo de años" y "Voy por el camino de toda la tierra". Solo de manera incidental se refirió a su propio trabajo. Después de haber declarado que Jehová los había traído, dijo: "He aquí, os he asignado estas naciones"; "He cortado 'a tus enemigos. En contraste con esto, sus referencias a Jehová fueron constantes.

"Jehová tu Dios ha hecho", "Jehová tu Dios echará fuera". Urgente y fervientemente acusó: "Por tanto, esfuércense mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés"; "adhiérete a Jehová tu Dios; terminando con las advertencias más solemnes en cuanto a lo que sucedería si se apartaban de su lealtad.

Quizás sus advertencias fueron más ardientes y penetrantes que las de Moisés. El discurso es una revelación maravillosa de la fuerza del hombre, y de esa fuerza que consiste en su aguda conciencia de la relación del pueblo con Jehová y su consecuente pasión por su lealtad a la ley de Dios.

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