Esta sección está dedicada a los arreglos que enfatizan la necesidad de la pureza del campamento en vísperas de la llegada de la gente a la tierra. Todos los que estaban inmundos fueron echados fuera del campamento. Esto, por supuesto, no significa que fueron dejados atrás para perecer, pero que no se les permitió marchar en el lugar que les correspondía con las tribus de su pueblo. Por el momento solo eran seguidores del campamento, excluidos hasta que se asegurara su purificación de acuerdo con las disposiciones de las leyes ya dadas. No solo debe haber limpieza ceremonial sino rectitud moral. Bajo este mandato, todos los que de alguna manera habían pecado contra otros tenían que hacer restitución.

En esta aplicación se abordó la posibilidad de celos dentro de la relación matrimonial. La prueba de beber agua amarga no tenía similitud con las pruebas de fuego y veneno de las que leemos en la historia de la Edad Media. Beber tal agua era completamente inofensivo en sí mismo. Fue un desafío a Dios por parte de la mujer demostrar su pureza frente a una acusación injusta.

No hay duda de que si una mujer que había sido culpable de infidelidad consintiera en beber esta agua, la evidencia de su culpa se habría manifestado, no por ninguna acción del agua, sino por la intervención directa de Jehová. La gran lección que se enseña aquí es la necesidad de la pureza del pueblo al entrar en posesión de la tierra.