Mateo 11:1

Jesús y sus escépticos.

I. La duda. No está del todo claro quién dudó, si Juan o sus discípulos, o si todos lo hicieron. La fe más firme a menudo ha fallado hasta ahora; la nuestra a menudo nos ha fallado en circunstancias mucho menos graves que estas. Juan fue en verdad un profeta, pero no dejó de ser humano por ese motivo. Había hecho su trabajo antes de su encarcelamiento. El movimiento estaba demasiado avanzado para ser determinado en adelante por cualquier influencia que pudiera proceder de la vida de John.

Si por el momento su fe era diferente a la humedad y la penumbra del calabozo, había sido igual a la calidez y la luz de la jornada de puertas abiertas. Cualquiera que sea la condición mental que sus palabras revelan aquí, la pregunta es formulada por alguien que puede confiar en el Cristo por decir la verdad del asunto, y que cuando no tenía confianza en el estado de ánimo de su propia mente o en la sugerencia de su circunstancias.

II. Cómo se enfrentaron los escépticos a la duda. Juan no deseaba escuchar más acerca de Cristo, sino algo de Él. Pudo haber pedido los libros de los profetas, para ver nuevamente si la anticipación allí se correspondía con la realidad aquí; o haber pedido con mucha impotencia, como nosotros, un simposio de las opiniones de sus discípulos, y haber probado los méritos del Cristo con su voto. Se diga para su honor que no hizo nada por el estilo, sino que envió a dos de sus discípulos a preguntarle: "¿Eres tú el que debe venir?"

III. Cómo trató Cristo a los escépticos. Parece haberlos recibido con gran deferencia, y aparentemente no pensó menos en ellos y en Juan de lo que había pensado antes. A los mensajeros se les ordenó que fueran y se lo dijeran a Juan, y podrían usar las palabras en su verdadero significado ahora que habían escuchado a Cristo. Había sido una historia de beneficencia general y de bondad universal, contada por alguien que sintió el poder de cada una de sus palabras. Llevaba consigo su propia evidencia.

JO Davies, Sunrise on the Soul, pág. 171.

Referencias: Mateo 11:1 . AB Bruce, Expositor, primera serie, vol. v., pág. 11. Mateo 11:1 . Parker, Christian World Pulpit, vol. xix., pág. 8; Ibíd., Vida interior de Cristo, vol. ii., pág. 162. Mateo 11:2 .

EW Shalders, Christian World Pulpit, vol. xx., pág. 164. Mateo 11:2 . G. Salmon, Cristianismo no milagroso, p. 1; C. Kingsley, Sermones sobre temas nacionales, pág. 22. Mateo 11:2 . Homiletic Quarterly, vol.

ii., pág. 404; W. Bull, Christian World Pulpit, vol. xviii., pág. 103; HW Beecher, Ibíd., Vol. xxiv., pág. 19. Mateo 11:2 . Homiletic Quarterly, vol. i., pág. 473; Revista del clérigo, vol. iii., pág. 292.

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