El quinto, sardonyx; el sexto, sardius; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, un topacio; el décimo, un crisopraso; el undécimo, un jacinto; el duodécimo, una amatista.

Ver. 20. El quinto, sardónice ] Aquí se busca en todas las entrañas de la tierra algo de valor que ensombrezca la felicidad de los santos; que si pudiera ser plenamente conocido (como no puede) no sería nada extraño ni digno de agradecer que el belialista más horrible se convirtiera en el presente en el santo más santo, o el más grande subordinado del mundo, el hombre más mortificado. El que desee conocer las naturalezas y virtudes de estas piedras preciosas, podrá leer Epifanio, Filón, Franciso, Ruro y otros, De gemmis; Josefo también en el tercer libro de sus Antigüedades judías.

Ésa era una presunción extraña, y poco digna de relatar, sostenida por Anaxágoras, Caelum ex lapidibus constare, et aliquando collapsurum, que el cielo estaba hecho de piedras y un día caería sobre la cabeza de los hombres. Ese otro dicho suyo es mucho más memorable, cuando se le pregunta: ¿Para qué nació? Él respondió, Ut caelum contemplar, para que pudiera ocupar mis pensamientos sobre el cielo.

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