1-14 La misma facilidad de mal genio, que traiciona a algunas personas piadosas en amistad con los enemigos declarados de la religión, hace que sea muy peligroso para ellos. Se sentirán atraídos a guiñar un ojo y tolerar tal conducta y conversación como deberían protestar con aborrecimiento. Donde quiera que vaya un buen hombre, debe llevar su religión consigo y no avergonzarse de poseerla cuando está con aquellos que no la tienen en cuenta. Josafat no había dejado atrás, en Jerusalén, su afecto y reverencia por la palabra del Señor, sino que lo reconoció y trató de llevarlo a la corte de Acab. Y los profetas de Acab, para agradar a Josafat, hicieron uso del nombre de Jehová: para agradar a Acab, dijeron: Sube. Pero los falsos profetas no pueden imitar tanto a la verdad, sino que el que tiene los sentidos espirituales ejercidos, puede discernir la falacia. Un fiel profeta del Señor los valió a todos. Los hombres mundanos en todas las edades han sido igualmente absurdos en sus puntos de vista sobre la religión. Harían que el predicador ajustara su doctrina a la moda de los tiempos y al gusto de los oyentes, y aún así agregar. Así dice el Señor a las palabras que los hombres se llevarían a la boca. Están listos para gritar contra un hombre tan grosero y tonto, que se escrupula para tratar de asegurar sus propios intereses y engañar a los demás.

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