54-62 La caída de Pedro fue negar que conocía a Cristo y que era su discípulo; renegar de él por la angustia y el peligro. El que ha dicho una vez una mentira, está fuertemente tentado a persistir: el comienzo de ese pecado, como la discusión, es como el soltar agua. El Señor se volvió y miró a Pedro. 1. Fue una mirada convincente. Jesús se volvió y lo miró, como si dijera: ¿No me conoces, Pedro? 2. Fue una mirada de reprimenda. Pensemos con qué semblante de reprimenda puede mirarnos Cristo cuando hemos pecado. 3. Fue una mirada expansiva. Tú, que fuiste el que más se adelantó a confesar que yo era el Hijo de Dios, y prometiste solemnemente que nunca me negarías. 4. Fue una mirada compasiva. Pedro, ¡cómo has caído y te has deshecho, pero no te has dado cuenta! 5. Fue una mirada orientadora, para que fuera a recapacitar. 6. Fue una mirada significativa; significó la transmisión de la gracia al corazón de Pedro, para permitirle arrepentirse. La gracia de Dios actúa en la palabra de Dios y por ella, la trae a la mente y la hace recaer en la conciencia, y así da al alma un giro feliz. Cristo miró a los jefes de los sacerdotes y no les causó la misma impresión que a Pedro. No fue la mera mirada de Cristo, sino la gracia divina que la acompañó, lo que restauró a Pedro.

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