Se dirige a Dios como el Dios de sus padres: tal era el sentido que tenía de su propia indignidad, que no llamó a Dios su propio Dios, sino un Dios en alianza con sus antepasados. Oh Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac. Y esto podría suplicar mejor, porque el pacto estaba impuesto sobre él. Tú me dijiste: Vuélvete a tu tierra. No se fue apresuradamente de su lugar con Labán, por una necia afición a su tierra natal; sino en obediencia al mandato de Dios.

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