Observó la ceremonia de duelo solemne por él. Se tardaron cuarenta días en embalsamar el cuerpo, cosa que los egipcios tenían el arte de hacer con tanta curiosidad, como para preservar inalteradas las facciones mismas del rostro. Todo este tiempo, y treinta días más, setenta en total, o bien se encerraron y se sentaron solos, o cuando salieron, aparecieron con el hábito de dolientes cercanos, según la decente costumbre del país. Incluso los egipcios, muchos de ellos, por el respeto que tenían por José, se pusieron de luto por su padre.

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad