Jacob alquiló su ropa.

Rasgar la ropa era una expresión del sentimiento más profundo, ya fuera de pena o de indignación. Rubén rasgó sus vestidos cuando regresó y encontró vacío el pozo en el que José había sido arrojado. El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras cuando Jesús declaró ante el Sanedrín que era el Hijo de Dios. Cuando Abner fue asesinado como rey, David ordenó a Joab el asesino, "ya todo el pueblo con él, rasgad vuestras ropas, y ceñíos de cilicio, y llorad delante de Abner".

Ponle cilicio sobre sus lomos.

El cilicio era el atuendo habitual del luto, como en nuestros tiempos se usa el crespón.

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